La Pasión Mística: la Obra de un Impostor. Reflexiones de un Laico Argentino.

13 Febbraio 2024 Pubblicato da

Marco Tosatti

Estimados amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino nos ha enviado este mensaje y este texto, que ponemos en su conocimiento, agradeciendo tanto al autor como al mensajero. Feliz lectura y circulación.

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Estimado Marco,

                                Un laico comprometido en serio y en verdad con la Iglesia y con su Señor me hizo llegar estas líneas, comentando el abominable libro del hazmerreir del Vaticano y protegido in extremis de Jorge Mario Bergoglio, la Pasión mística, que muestra no solo la tremenda inmadurez espiritual y psicológica de su autor, sino también la complicidad del ya evidente okupa del Vaticano, que lo protege, ampara y promueve, ¿pensando en hacerlo su sucesor?

 Como afirma en uno de sus párrafos, no puede poner su nombre, porque pondría en peligro su trabajo y el sustento de su familia numerosa. En todo caso, no solo avalo lo escrito por el y, si fuera necesario, me hago cargo de su contenido, que comparto en su totalidad.

Para don Jorge Mario, el autor sería un miembro de un “pequeño grupo ideologizado” que no entiende la “divinidad” bergogliano y su “sabiduría”. En realidad, el problema del obispo de Roma es que, por un lado, se cree superior al conjunto de los creyentes, y por otro lado, padece el problema que afecta a todos los que, como él, se rodean de amanerados, depravados, soberbios y desequilibrados, ya que a la larga se contagian y degradan, porque como afirma un refrán español, “en la vida todo se contagia, menos la belleza”. Rodeándose de amanerados y depravados, se termina siendo uno de ellos.   

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“La Pasión mística”: obra de un embustero y un farsante. Reflexiones de un laico

 

Ni en sus más ambiciosos sueños, Víctor Manuel Fernández, “el Tucho”, habría soñado que uno de sus libritos iba a ser el más comentado por el mundo. Cierto que muchos de ellos fueron pensados con espíritu marquetinero, como su colección “Para liberarse de…”, típicos de libros de autoayuda que venden. Pero esta vez alcanzó la cumbre: los diarios de todo el mundo, desde los más prestigiosos, hasta los pequeños, comentaron la reaparición “de su libro oculto”: La pasión mística.  Ningún libro en la Historia tuvo tanta resonancia mediática Instantánea. Lamentablemente.

Escribo estas líneas para dar testimonio de que, en ese aluvión de notas y comentarios, no hubo ninguna operación política como sostuvieron sus pocos defensores, sino que ese eco se lo ganó por el escándalo despertado.

El caso es que, a fines del año pasado, después de Navidad, revisando libros, me encontré con el ejemplar perdido de “LPM” (abreviaremos porque no hay casualidades). Debo aclarar que soy un perfecto NN, alguien sin ningún tipo de notoriedad, ni conexiones, ni nada. Tanto que, tristemente, este artículo no lo puedo firmar con mi nombre, porque dependo de mi trabajo y a esta altura sé que me “misericordiarían” inmediatamente al saber que me tocó el deber de difundirlo.

Para los que quieren saber cómo y dónde  “reapareció”, la historia es sencilla.

Antes les narro ese hallazgo:  lo tomé entre mis manos, miré la tapa, su autor, “mmm, huele mal…”  “Será uno más de sus libritos de autoayuda”, me dije. Pero era peor.

Obviamente que ya conocía el curriculum vitae del porno-teólogo como destructor de seminarios, demoledor rector de la Universidad Católica Argentina, devastador de la Arquidiócesis de La Plata; una trayectoria coherente, coronada hoy en Roma como delfín y protegido de Bergoglio. Eso sí, limpio mi honor, nunca lo había leído (¡ni volvería a hacerlo!).

Costumbre de bibliófilo, después de mirar su sugerente tapa digna de Corín Tellado, fui a la contratapa: peor, “atrevámonos a vivir esta aventura…” dice. ¡Ja!  Vamos al índice. Puajjj, asqueroso (no pienso citar ninguna de sus porquerías). Al lado, una supuesta poesía: mal gusto hasta el fondo. Hay otra antes,  igual de mala. Risible. Grotesca. En temas y estilos dignas de un bizarro adolescente rapero… Miro el año en que se escribió: 1998. Supuestamente ya era un hombre maduro. Tenía sus titulitos. Imperdonable. Con las limosnas de los pobres lo hicieron viajar, Licenciado en Roma…Libro publicado en México.

Reviso entonces su bibliografía (el autor se ha dedicado a pavonearse de cada cosita que publicó) y no figura. Sin embargo, tiene número de ISBN… Recuerdo entonces que cuando fue el escándalo del libro de los besos, Fernández alardeó de que tenía cosas todavía más osadas… Oí decir a alguien que su protector le habría advertido que había un libro que tenía que “desaparecer”… ¡Aquí estaba! Triste, penoso hallazgo el mío…

Retomo el libro. De atrás para adelante, como había empezado, gajes del oficio, mi mirada se centra en la penúltima cita, la de un “venerable teólogo egipcio”, Al Sonuouti, la leo y no puedo creer lo que leo. ¡Este tipo está loco! (ya dije que no voy a reproducir ninguna de sus groserías y ésta es la peor).

Dura obligación me toca. Tendré que leerlo todo. ¡Quién me manda a sumergirme en lo hediondo! No voy a creérmela y decir que fue la Providencia…

Cierto que me lo tomé como un deber. Horrible deber que me dejó heridas… porque la pornografía lastima. Leyéndolo me condolía de los investigadores de abusos, de pornografía infantil… ¿cómo hacer que a uno no le queden pegadas imágenes aberrantes? Me pasó lo mismo. O loco, o degenerado… y encima, burro.  Tanto que la primera impresión de muchos fue creer que era un apócrifo o un homónimo, hasta que fue el mismo Fernández quien confirmó su autoría…

Como han notado muchos, el libro tiene dos partes muy distintas: una es una visión pornográfica de la mística, la otra, una visión mística de lo porno. Soy un hombre mayor, casado, de esos a los que Bergoglio nos ofendiera llamándonos “conejos” por tener varios hijos. No me escandalizo con facilidad, pero sí me indigno.

Al comenzar a leer la primera parte tuve la certeza de que este sujeto era un farsante. Desconocía absolutamente lo que es la vida mística y le daba interpretaciones propias de los mayores enemigos de la Fe. Soy lector del tema, conozco bien a las dos Teresas, a San Juan de la Cruz; para entenderlos me sumergí en la Teología espiritual… lo puedo afirmar con certeza y cierta autoridad: el autor de este libro es un embustero.

En la segunda parte pasa lo mismo, porque el autor desconoce totalmente lo que es el amor marital. Si es que, como se defendió, quiso ayudar a jóvenes matrimonios con este escrito, estoy segurísimo que no lo logró, al contrario. Sabemos que mintió al decir que era un escrito juvenil, mintió al decir que hoy no lo escribiría igual (cuando siguió haciéndolo), y también mintió diciendo que trató de ayudar. Acá lo único que se ve es que el mal es exhibicionista.  Y encima se escudó diciendo que Bergoglio conocía el texto,  lo que agrava terriblemente el caso porque deja mal parado al protector. ¿No tuvo Fernández ningún maestro que le explicara que el pudor es imprescindible al hablar de estos temas? ¡Tantos años de estudio para saltearse lo elemental!

Como se ha señalado, lo que el librito sostiene son mismos argumentos que han usado los más perversos abusadores para disfrazar de “místico” lo abyecto. Y lo más escandaloso es que a un hombre de esta calaña se le ha confiado, desde aquel lejano 1998, la formación de sacerdotes, el rectorado de una Universidad Católica, un gran Arzobispado y, como corona, la Prefectura del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. No menos terrible es que ha vivido de la limosna de los fieles engañándolos. ¿Se arrepintió de lo escrito? No, esquivó su responsabilidad con excusas pueriles.

Totalmente amargado por la lectura consulté qué hacer con mucha reserva a algunos amigos, laicos y sacerdotes. ¿Era lícito difundir tamaña mugre? La respuesta era difícil. Pero ya aprendimos que no es bueno “tapar” el mal y esconderlo bajo la alfombra. Todos los que tocábamos el libro estábamos de acuerdo con que era terriblemente nocivo: mejor no leerlo. Pero la máscara tenía que caer, sobre todo, porque nunca había habido una retractación de lo escrito, al contrario. El incendio se avivó solo. Era pólvora. Sería tonto creer que la culpa la tiene el dedo que señala el fuego…

Mano derecha (e izquierda) de Bergoglio, dicen que es el único en el que confía. Desde que lo inundó el escándalo, trata de defenderlo a capa y espada con sus armas habituales: confusiones, verdades de a cuarto, mentiras y hasta acusaciones a “grupúsculos ideologizados”.  ¿La realidad? No importa. El mundo cristiano (no sólo el católico) está indignado, harto. Pero no lo ven… Nuestro autor, cual inocente caperucita púrpura, sigue paseándose orondo con sus puntillas. Total, él es el protegido, el intocable. Pastor sin ovejas, higuera sin frutos, nadie lo recuerda por su tierra con afecto.

Ah… todavía no dije dónde estaba el libro, no es menor el dato: en la Biblioteca de un colegio de monjas. Que las religiosas no lo compraron, puedo dar fe, porque además de austeras,  eran decentes. ¿Cómo habrá llegado allí, si Fernández dice que ordenó sacarlo de la venta de inmediato? A esta altura pienso lo peor y querría ver si no hay otros dando vueltas por bibliotecas escolares. Sería algo ya visto.

¿Se preguntan a dónde irá a parar “el libro perdido”? Más allá de desear tirarlo a la basura, cuando se vaya esta gente, irá a la Biblioteca Vaticana, porque algún día se estudiará cómo la degradación humana, cultural y religiosa se adueñó un tiempo de la Iglesia, y cómo, a pesar de los destrozos, no lograron hundirla.

En fin, Fernández en entrevista dijo una triste frase: “No pediré que me amen, pero sí que me respeten.” Al amor estamos obligados hasta con los enemigos, pero el respeto se gana. Nunca se lo ganó porque no está acostumbrado a respetar.  A nada ni a nadie, como este libro lo demostró una vez más. Sus múltiples excusas no sirven si no vienen acompañadas de su renuncia y penitencia. Repito: no es conspiración de grupos de ultraconservadores, sino asco y hartazgo.

Todo esto nos obliga desde ahora a redoblar nuestra oración por la Iglesia y todos sus miembros, especialmente los más necesitados de la Misericordia Divina: estamos en tiempos de prueba, pero pasarán.

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1 commento

  • Salocin de Juan ha detto:

    Excelente escrito. En cuanto a la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA) francamente increíble que no haya habido ni profesores, ni universitarios, ni egresados que levantaran su voz, que ofrecieran resistencia al nombramiento de este personaje como decano de la Facultad de Teología, y a su promoción al rectorado de la UCA. Tanto esfuerzo, tanto sacrificio de tantos creyentes para fundar y establecer la UCA para que un digitado impostor comprometa y destruya la obra. Qué deshonor para todos los cómplices con su silencio, con su cobardía. Este personaje t(r)ucho ha devaluado a la mejor manera argentina todos los títulos que haya conferido la universidad. ¡Una vergüenza, un deshonor!