Marco Tosatti
Estimados Stilum Curiales, ofrecemos a vuestra atención la homilía pronunciada por el arzobispo Carlo Maria Viganò con motivo de la fiesta de la aparición de San Miguel Arcángel en Gargano. Disfruten la lectura y la difusión.
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DIVINA VIRTUTE
Homilía en la Aparición de San Miguel Arcángel,
día de la Suplica a la Reina del Santísimo Rosario de Pompeya
«Non est, inquit, vobis opus hanc,
quam ædificavi, dedicare ecclesiam:
ipse enim, qui condidi, etiam dedicavi.
Vos tantùm intrate, et, me adstante patrono,
precibus locum frequentate»
«No es vuestra obligación consagrar
esta iglesia que yo edifiqué;
yo mismo, que la fundé, también la he consagrado.
Sólo deben entrar y, bajo mi protección,
frecuentar el lugar y orar en él».
Apparitio Sancti Michaëlis in Monte Gargano
En este día compartimos la alegría de los queridos Giuseppe y Cristina, Claudio y Tina, que celebran respectivamente el vigésimo séptimo y segundo aniversario de su matrimonio. Damos gracias al Señor y a la Santísima Virgen por las gracias que les ha concedido, por el camino que han recorrido y por la ayuda que la Divina Providencia les ha prodigado en estos años. Ofrecemos esta Santa Misa por ellos, invocando abundantes bendiciones sobre ellos, por la intercesión de Nuestra Señora de Pompeya y de San Miguel Arcángel.
Hoy, 8 de mayo, la Santa Iglesia celebra tres apariciones del glorioso Arcángel San Miguel que tuvieron lugar entre los años 490 y 493 en el monte Gargano, en Puglia.
La primera aparición, conocida como el “episodio del toro”, tiene lugar en el año 490, bajo el pontificado de Félix III y el Imperio de Zenón, en la ciudad de Siponto (actual Manfredonia). Un rico señor de Siponto llamado Gargano, al haber perdido un toro que pastaba, reunió a un gran número de sirvientes y organizó búsquedas en los lugares inaccesibles de la montaña, encontrándolo en la cima, de pie frente a la entrada de una gruta inaccesible. Enfurecido, Gargano empuñó su arco y disparó una flecha envenenada al animal rebelde. Sin embargo, el dardo invirtió inexplicablemente su trayectoria y alcanzó al mismo Gargano, hiriéndole gravemente.
Asombrado por el prodigio, Gargano acudió al obispo de Siponto, San Lorenzo Maiorano, para pedir consejo. El prelado, discerniendo una intervención sobrenatural, ordenó un triduo de ayuno y de oración pública para que se revelara el significado de lo sucedido. Al final del tercer día (tradicionalmente el 8 de mayo), el arcángel Miguel se le apareció al obispo y pronunció estas palabras: “Haz hecho bien en pedirle a Dios lo que estaba oculto a los hombres. Un milagro alcanzó al hombre con su propia flecha, de modo que quedara claro que todo esto sucede por mi voluntad. Soy el Arcángel Miguel y estoy siempre en presencia de Dios. La caverna es sagrada para mí. Y dado que he decidido proteger en la tierra este lugar y a sus habitantes, quise dar fe de esta manera que soy el patrón y guardián de este lugar y de todo lo que sucede. Donde la roca se abre de par en par los pecados de los hombres pueden ser perdonados. Lo que aquí se pida en oración será escuchado. Así que id a la montaña y dedicad la gruta al culto cristiano“.
La segunda aparición del Arcángel Miguel en el monte Gargano, conocida como el “episodio de la Victoria” o “de la Batalla”, tuvo lugar en el año 492. Siponto estaba sitiada por un ejército pagano procedente de Nápoles. Los sipontinos, exhaustos y a punto de rendirse, se dirigieron al obispo San Lorenzo Maiorano, quien, inspirado por la devoción al Arcángel, pidió un triduo de ayuno, oración y penitencia. El pueblo se reunió en la catedral de Santa María en Siponto para suplicar protección. La noche anterior a la batalla, mientras el obispo estaba reunido en oración, San Miguel se le apareció en una visión, rodeado de luz brillante, y pronunció estas palabras: «No tengáis miedo; vuestras plegarias han sido escuchadas. Intervendré yo mismo para dar la victoria a los sipontinos. Por lo tanto, atacarán la batalla a la cuarta hora de este mismo día».
El obispo comunicó la seguridad angélica al pueblo y ordenó que se fortalecieran con los Sacramentos. En el momento acordado, los sipontinos y beneventanos se movieron contra los enemigos: la victoria fue total y acompañada de fenómenos prodigiosos que demostraron la intervención directa del Arcángel. Una nube densa y oscura cubrió la cima del Gargano; un violento terremoto sacudió la tierra; relámpagos y truenos cayeron sobre los invasores (electrocutando a seiscientos enemigos); el mar fue agitado por olas furiosas. Ningún sipontino ni beneventano resultó herido, mientras que los adversarios fueron puestos en fuga y perseguidos hasta Nápoles. La batalla terminó el 8 de mayo, fecha que se convirtió en el dies festus del Arcángel en el Gargano y que explica la institución litúrgica de la fiesta de la Aparición de San Miguel el 8 de mayo en el calendario católico.
La tercera aparición es del año 493. Luego de la victoria, el obispo Lorenzo Maiorano decidió obedecer el mandato divino y consagrar la gruta. Viajó a Roma para obtener la aprobación del papa Gelasio, quien autorizó la consagración, ordenando un nuevo triduo de ayuno y penitencia junto con los obispos de Puglia. En la última noche del ayuno, el Arcángel Miguel se aparece al obispo y le dice: «No es vuestra obligación consagrar esta iglesia que yo edifiqué; yo mismo, que la fundé, también la he consagrado. Sólo deben entrar y, bajo mi patrocinio, frecuentar el lugar y orar en él».
A la mañana siguiente (29 de septiembre), el obispo, acompañado por siete obispos de Puglia, el clero y el pueblo en solemne procesión, se dirige a la gruta. Durante el viaje ocurre un milagro: algunas águilas extienden sus alas para proteger a los peregrinos de los rayos del sol abrasador. Al entrar en la gruta, encuentran ya erigido un altar tosco, cubierto con un palio bermellón, coronado por una cruz, e impresa en la roca la huella del pie del Arcángel. Es en ese altar donde el Santo Obispo celebra la primera Misa en ese lugar. Inmediatamente se construyó una iglesia en la entrada de la gruta, dedicada al Arcángel, ese mismo 29 de septiembre de 493 (fecha que se convertiría en la festividad de la Dedicación de San Miguel, distinta de la conmemoración de la aparición del 8 de mayo). La gruta en sí permanece “no consagrada por manos humanas” y recibe el título de “Basílica Celestial”.
La devoción se difundió rápidamente, especialmente con la llegada de los lombardos en el siglo VII, quienes eligieron a San Miguel como protector nacional y ampliaron el complejo. El santuario se convirtió en destino de peregrinación a lo largo de la Via Sacra Langobardorum y, a lo largo de los siglos, fue enriquecido arquitectónicamente. La gruta conserva todavía el altar y la huella del pie de San Miguel.
Al reflexionar sobre estos acontecimientos prodigiosos, no podemos dejar de admirar la extraordinaria intervención del Arcángel San Miguel, quien no se limitó a proteger a los fieles, sino que además llegó a consagrar él mismo la sagrada Gruta de Gargano y a derrotar milagrosamente a los enemigos de los fieles de Apulia. La Fe sincera y confiada de aquel tiempo movió al Cielo en ayuda del pueblo cristiano; las oraciones del obispo y del pueblo fueron respondidas con poder divino, porque estaban animadas por una confianza pura y total en la Providencia.
Hoy, desafortunadamente, el mundo y la Iglesia están en una crisis tan terrible precisamente porque los hombres han perdido esa fe pura y confiada que obtiene todo de Dios. Donde la oración se ha vuelto tibia, donde la confianza en el poder divino ha sido reemplazada por la presunción humana, allí el Cielo calla. Por lo tanto, es urgente retornar a la pureza de la Fe y reavivar la llama viva de la Caridad, sin la cual todos los esfuerzos son en vano.
Que en este camino de conversión nos socorra y nos guíe la Reina del Santísimo Rosario de Pompeya, a quien hoy, en este día dedicado a ella, invocamos al mediodía con la Súplica inspirada por el Beato Bartolo Longo. Y recordemos que, así como él mismo, una vez alistado en las filas de la infame secta —es decir, la masonería— y enemigo jurado de Cristo y de la Iglesia, fue tocado por la Gracia, se convirtió y reparó con celo cristiano el mal cometido, así también los enemigos de hoy pueden ser iluminados por la misma Misericordia divina y retornar humildemente al Señor. Que así sea.
+ Carlo Maria Viganò, Arzobispo
Viterbo, 8 de mayo MMXXVI
In Appartitione S.cti Michaëlis Archangeli
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 9 de mayo de 2026, en https://marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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