El delirio diabólico de Donald Trump. La complicidad de los cardenales Burke y Müller. José Arturo Quarracino.

Marco Tosatti

Queridos lectores de StilumCuriale: José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de todo corazón, os ofrece estas reflexiones sobre el presidente de los Estados Unidos, Trump, y su reciente enfrentamiento con el Papa. Que disfrutéis de la lectura y difundidla.

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El delirio diabólico de Donald Trump y la complicidad de los cardenales Burke y Müller

Con su ataque personal al papa León XIV el presidente estadounidense ha demostrado que no sólo está desquiciado, sino que además pone en evidencia que está bajo la influencia espiritual del enemigo de Dios y de la raza humana, que le hace creer que es el Mesías del siglo XXI, creencia alimentada por un grupo de psicópatas evangélicos y lunáticos que lo adulan en forma por demás rastrera. Y con la complicidad de cardenales “tradicionalistas” con una excelente formación doctrinal y conductas ejemplares, pero que muestran claramente que de la Política -en serio y con mayúsculas- no entienden nada.

Si algo le faltaba al señor Donald J. Trump para coronar su degradación moral y política en su segundo mandato presidencial ha sido el ataque personal que lanzó el último fin de semana contra el papa León XIV por la crítica que este último realizara a la política belicista estadounidense en Medio Oriente, crítica que el pontífice romano ha hecho y sigue haciendo sin personalizar a quién se estaba refiriendo explícitamente, pero que este triste émulo de un vaquero del Far West en versión siglo XXI la consideró un agravio personal.

Quiero dejar bien en claro que, como católico, no simpatizó para nada con el pontificado del papa Prevost, al que considero una continuidad -más serena, menos espectacular y por momentos inofensiva o inicua- de la deplorable gestión del pontífice que le precedió. Según mi humilde convicción, el pontificado bergogliano dejó de lado la esencia y razón de ser de la Iglesia Católica -Cuerpo de Cristo visible y tangiblemente presente en el mundo- para convertirla en una asociación conciliar e inclusiva en la que el eje central ha pasado a ser “el diálogo en el Espíritu”, desplazando la referencialidad central de la presencia viva, actual y concreta de Jesucristo resucitado, no sólo en el interior de la Iglesia sino también en el mundo.

Esta continuidad se ve confirmada en forma indubitable en el hecho que el actual pontífice ha mantenido prácticamente en los Dicasterios vaticanos y en los numerosos episcopados del mundo a los mismos tristes y en muchos casos perversos personajes promovidos hasta el hartazgo por el fallecido jesuita argentino y su política doctrinal-pastoral woke, en muchos casos contrarios a la Revelación.

En este sentido, la frutilla del postre de esta continuidad ha sido la decisión de poner en manos de un funcionario de carrera de la Casa Rothschild la administración y gestión de las finanzas del Vaticano. Con Jorge Bergoglio ya se había iniciado este maridaje político-financiero con la célebre banca franco-británica, al asociarse oficialmente el 8 de diciembre de 2020 a la iniciativa de la baronesa Lynn Forester de Rothschild en el Concejo para el Capitalismo Inclusivo. Con el Vaticano[1]. El nombramiento oficial de luxemburgués François Pauly -histórico funcionario de la Casa Rothschild- como presidente del Instituto para las Obras de Religión profundiza la relación de la Santa Sede con la familia bancaria, al designarlo como responsable directo de las finanzas del Vaticano[2].

Pero a pesar de todo esto, en estas últimas semanas, y especialmente en su viaje a África, el papa León XIV ha levantado con justa y absoluta razón en el tema de la guerra diabólica desatada por los dos perversos y pervertidos personajes con delirios místicos inconfesables.

Por otro lado quiero destacar que apoyé con firmeza la gestión de Donald Trump en su primera presidencia, tanto en su aspecto geopolítico -la primacía de la soberanía nacional frente al globalismo- como cultural y religioso -la defensa de la vida humana desde la concepción y las claras posturas provida que llevó a cabo. En este sentido, entre otras cosas me ocupé de traducir y difundir la correspondencia pública intercambiada por el arzobispo Carlo Maria Viganó con el mandatario estadounidense tanto en 2020 como en 2025.

Pero ese apoyo de antaño no impide en absoluto repudiar esta versión 2026 de Donald Trump, totalmente opuesta a la de su primera presidencia: desde el apoyo criminal sin restricciones al genocida Netanyahu en su destrucción de Gaza y la erradicación de la población palestina, para realizar un negocio inmobiliario; la violencia institucional y criminal desatada contra inmigrantes en Estados Unidos; su prepotencia gansteril en su relación con mandatarios de todo el mundo; su locura geopolítica de conformar The Great America, intentando colonizar Canadá, Groenlandia y América Central, apoyado y acompañado por psicópatas de la guerra y del viejo imperialismo yanqui; su desprecio explícito hacia los aliados de la OTAN que no aceptan ser sus lacayos serviles; el negocio personal de la delirante Junta de Paz, de la que se auto constituyó presidente vitalicio, hasta llegar al delirio de impulsar la guerra contra Irán con mentiras y falsedades a granel, en exclusivo beneficio del proyecto delirante del primer ministro israelí, financiador de la organización terrorista Hamás, tal como lo admitió públicamente, etc.[3].

Es indudable que el presidente Trump tiene serios trastornos de conducta y psicológicos, están a la vista: su narcisismo, su sentimiento de omnipotencia mesiánica, su agresividad hacia las mujeres periodistas, la mentira y las afirmaciones mendaces como hábito, su necesidad de estar rodeado de personajes inferiores, su desprecio del idioma español, etc.

A todo ello se ha agregado lo que él mismo ha sacado a la luz en su enfrentamiento con el papa León XIV: su trastorno espiritual-religioso, unido a su soberbia ciega que le ha hecho creer que puede descalificar atacándolo personalmente, ya que no puede refutar sus argumentos en contra de la demencial guerra desatada contra la nación y el pueblo iraní. Es indudable que se cree “Dios”, que puede destruir en una noche toda una civilización más que milenaria. Y en su soberbia mesiánica, inspirada por el maligno Enemigo de Dios y de la raza humana, no ha dudado en autopromocionarse como “Mesías sanador” y, a través de un partidario hiper delirante como él, como el “discípulo amado” de Jesús en el siglo XXI.

A causa de su inspiración diabólica, mr. Trump cree que el mundo y la historia gira en torno a él y a sus caprichos: “no me gusta León, me cae mucho mejor su hermano que es MAGA”, “no quiero un Papa que no piensa lo mismo que yo”, “no quiero un Papa que critique al presidente de Estados Unidos”, etc. EL MALDITO YO: “NO QUIERO”. En su delirio diabólico, cree que puede rediseñar el mundo y la historia a su antojo. Se cree Dios, y peor todavía, se lo hacen creer esos farsantes “cristianos” y “evangélicos” que en el fondo son apóstoles de Satanás.

Ya que se dice “lector de la Biblia”, bien haría el pretendido “Mesías” yanqui, títere de un genocida y de los espíritus malignos, leer el pasaje de la Segunda Epístola de san Pablo a los cristianos de Tesalónica, en el cual anuncia que al final de los tiempos, antes de la venida definitiva de Jesucristo, “debe venir la apostasía y hacerse manifiesto el hombre de iniquidad, el hijo de la perdición, el adversario, el que se ensalza sobre todo lo que se llama Dios o sagrado, hasta sentarse el mismo en el templo de Dios, ostentándole como si fuera Dios” (2Ts 2, 3-4).

Que Dios Nuestro Señor tenga piedad de él, si es posible, y que ampare a la humanidad ante el infierno que dos lacayos infernales han desatado sobre el mundo.

 

En este contexto, resultan más que lamentables las últimas intervenciones de los cardenales Raymond Burke y Gerhard Müller respecto al conflicto bélico de Medio Oriente, no sólo porque repiten literalmente los argumentos de Trump y Netanyahu respecto al “tenebroso régimen iraní”, sino porque además deforman la realidad alevosamente, al justificar el expansionismo imperialista de Estados Unidos –“Estados Unidos tiene la responsabilidad particular de contener a los regímenes y dictaduras peligrosos que suponen una grave amenaza para el mundo […] no sólo a través de sanciones económicas, sino, cuando sea necesario, por medios militares” (Cardenal Müller, en declaraciones al sitio web Kath.net, 14 de abril 2026)- y al pretender presentar al presidente Trump como un “mensajero de la paz” –“Creo que, en su opinión, Trump también tiene como objetivo la paz, es decir, busca restablecer la paz interna en Irán y en sus relaciones con otras naciones. Esto se debe a que el régimen representa una amenaza nuclear tanto para sus vecinos como para otros” (Cardenal Burke, en declaraciones al sitio web IlGiornale.it, 11 de abril 2026).

Este acto de ambos prelados de definir como hombre de paz y promotor del bien universal a quien se ha asociado estratégica y políticamente con un genocida público; que ha sido cómplice de la masacre llevada a cabo contra una población civil indefensa para promocionar un negocio inmobiliario; quien se arroga misiones mesiánicas auspiciadas y patrocinadas por sicópatas, perversos y mercenarios religiosos multimillonarios; quien tiene un tenebroso vínculo con el mundo de la trata de personas instituida por su fallecido amigo Jeffrey Epstein, etc., es peor que un crimen, es una imbecilidad suprema, que muestra hasta qué punto los mejores católicos pueden sucumbir a las confusiones que promueve Satanás en el mundo y en la Iglesia: corruptio optimi pessima (San Gregorio Magno).

En definitiva, resulta más que llamativo el silencio total de ambos prelados respecto a la barbarie sionista desatada por un grupo de lunáticos y extraviados mentales-espirituales, y que sólo repitan como papagayos el discurso moralista de lo peor de la actual administración estadounidense, servil a los intereses inconfesables de un impostor criminal sin Dios.

 

 

José Arturo Quarracino

17 de abril de 2026

 



[1] Ver en https://www.inclusivecapitalism.com/news-insights/reuters-lady-de-rothschilds-road-to-the-vatican/ y en Oliver Balch, Lady de Rothschild’s road to the Vatican,  15 de diciembre de 2020, publicado en https://endrtimes.blogspot.com/2020/12/blog-post.html. Tratamos en detalle este perverso acontecimiento en nuestro artículo De las 30 monedas de plata al Concejo para el Capitalismo Inclusivo. Con el Vaticano, publicado el 16 de marzo de 2021 en https://www.marcotosatti.com/2021/03/16/de-las-30-monedas-de-plata-al-concejo-para-el-capitalismo-inclusivo/.

[2] Ver en Al Banco del Vaticano, un banquero de los Rothschild, 26 de marzo de 2026, en https://acnmex.com/el-banco-del-vaticano-a-un-banquero-de-los-rothschild/.

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1 commento su “El delirio diabólico de Donald Trump. La complicidad de los cardenales Burke y Müller. José Arturo Quarracino.”

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