El saludo de León XIV a una “arzobispa” de Canterbury, una herejía ecumenista. Carlo Maria Viganò

 

Marco Tosatti

Muy estimados StilumCuriales, ofrecemos a vuestra atención este post publicada en X por el arzobispo Carlo Maria Viganò. Hacer clic en el enlace para ver el vídeo. Vale la pena…. Disfruten la lectura y la difusión.

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León abraza la herejía ecumenista solemnemente condenada por Pío XI en Mortalium Animos, tratando a la Comunión Anglicana —cuyas “Órdenes sagradas” fueron declaradas absolutamente nulas y sin efecto por León XIII en la Apostolicæ Curæ— como una “Iglesia hermana” con la que “caminar juntas” en virtud de un bautismo común, sin exigir la conversión a la única verdadera Iglesia Católica Apostólica Romana.

Este irenismo modernista, que alaba el diálogo de la ARCIC (Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana) e invoca un “testimonio común” sin afirmar la unicidad católica, disuelve el dogma “Extra Ecclesiam nulla salus” y reduce la unidad deseada por Nuestro Señor a un compromiso sentimental.

No es de extrañar que las “fuentes magisteriales más autorizadas” con las que León legitima el ecumenismo sean el Vaticano II y los Papas conciliares. Ninguno de los Papas anteriores al Concilio se habría atrevido jamás a pensar y escribir tales horrores.

Finalmente, el saludo a una “arzobispa” agrava el escándalo, violando el Magisterio inmutable que excluye la posibilidad de un sacerdocio femenino y confirma la total invalidez de cualquier pretendida ordenación anglicana. Pero si “San” Pablo VI está en el cielo, ¿dónde está el mártir Santo Tomás Becket?

 

Mensaje del Santo Padre con motivo de la instauración del Arzobispo de Canterbury, 26.03.2026

A la Reverendísima y Honorabilísima

Dame Sarah Mullally

Arzobispo de Canterbury

 

«La Gracia, la Misericordia y la Paz sean con nosotros, de parte de Dios Padre y de Jesucristo, el Hijo del Padre, en la verdad y en el amor» (2Jn 1, 3)

Con esta seguridad de la presencia constante de Dios, envío mis saludos de oración a Su Gracia con motivo de su investidura como arzobispo de Canterbury.

Sé que el cargo para el que se le ha elegido es de gran responsabilidad, con tareas no sólo en la Diócesis de Canterbury, sino en toda la Iglesia de Inglaterra y en la Comunión Anglicana en su conjunto. Además, Usted asume estas tareas en un momento difícil de la historia de la familia anglicana. Al pedir al Señor que la fortalezca con el don de la sabiduría, rezo para que Usted sea guiada por el Espíritu Santo al servir a vuestras comunidades y a inspiraros en el ejemplo de María, la Madre de Dios.

Hace sesenta años, durante su histórico encuentro en Roma, nuestros predecesores de bendita memoria, San Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey, comprometieron a católicos y anglicanos a “una nueva fase en el desarrollo de las relaciones fraternales, fundada en la caridad cristiana” (Declaración Conjunta, 24 de marzo de 1966). Ese nuevo capítulo de apertura respetuosa ha dado muchos frutos en las últimas seis décadas y continúa también hoy.

En esa misma ocasión, el papa Pablo y el arzobispo Ramsey también acordaron entablar un diálogo teológico. De hecho, la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana (ARCIC) ha contribuido enormemente a un mayor entendimiento mutuo desde su creación. Los frutos de este valioso trabajo nos han liberado para ser testigos juntos de una manera más eficaz (cf. Comisión Internacional Anglicana-Católica para la Unidad y la Misión, Creciendo Juntos en Unidad y Misión, n. 93). Esto es especialmente vital, dado el gran número de desafíos que enfrenta nuestra familia humana hoy en día. Por ello, estoy agradecido de que este importante diálogo continúe.

Al mismo tiempo, sabemos también que el camino ecuménico no siempre ha sido fácil. A pesar de los considerables avances, nuestros predecesores inmediatos, el papa Francisco y el arzobispo Justin Welby, han reconocido francamente que “nuevas circunstancias han sacado a la luz nuevos desacuerdos entre nosotros”. A pesar de ello, seguimos caminando juntos, porque las diferencias “no pueden impedir que nos reconozcamos como hermanos y hermanas en Cristo en virtud de nuestro bautismo común” (Declaración Conjunta, 5 de octubre de 2016). Por mi parte, creo firmemente que debemos seguir dialogando en la verdad y el amor, porque es solamente en la verdad y en el amor que llegamos a conocer juntos la gracia, la misericordia y la paz de Dios (cf. 2Jn 1, 3), y así podemos ofrecer estos valiosos dones al mundo.

Además, la unidad que buscan los cristianos nunca es un fin en sí misma, sino que está orientada al anuncio de Cristo, de modo que, como oró el mismo Señor Jesús, “el mundo crea” (Jn 17, 21). Dirigiéndose a los Primados de la Comunión Anglicana en 2024, el papa Francisco afirmó que “sería un escándalo si, debido a nuestras divisiones, no cumpliéramos nuestra vocación común de dar a conocer a Cristo” (Discurso a los Primados de la Comunión Anglicana, 2 de mayo de 2024). Querida hermana, con gusto hago mías estas palabras, porque es a través del testimonio de una comunidad cristiana reconciliada, fraterna y unida que la proclamación del Evangelio resonará más claramente (cf. Mensaje para el Domingo Mundial de la Misión 2026, n. 2).

Con estos sentimientos fraternales, invoco sobre ti las bendiciones de Dios Todopoderoso mientras asumes tus elevadas responsabilidades. Que el Espíritu Santo descienda sobre ti y te haga fecunda en el servicio del Señor.

Desde el Vaticano, 20 marzo de 2026

Memoria de San Cutberto, obispo

LEÓN PP. XIV

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[B0233]

Publicamos a continuación el texto [en inglés] del Mensaje del Santo Padre León XIV con motivo de la instauración del Arzobispo de Canterbury, que tuvo lugar el 25 de marzo de 2026 en la Catedral de Canterbury:

 

Mensaje

To The Most Reverend and Right Honourable

Dame Sarah Mullally

Archbishop of Canterbury

“Grace, mercy, and peace will be with us, from God the Father and from Jesus Christ, the Father’s Son, in truth and love.” (2 Jn 1:3)

 

With this assurance of God’s abiding presence, I send prayerful greetings to Your Grace on the occasion of your Installation as Archbishop of Canterbury.

I know that the office for which you have been chosen is a weighty one, with responsibilities not only in the Diocese of Canterbury, but throughout the Church of England as well as the Anglican Communion as a whole. Moreover, you are commencing these duties at a challenging moment in the history of the Anglican family. In asking the Lord to strengthen you with the gift of wisdom, I pray that you may be guided by the Holy Spirit in serving your communities, and draw inspiration from the example of Mary, the Mother of God.

Sixty years ago, during their historic encounter in Rome, our predecessors of happy memory, Saint Paul VI and Archbishop Michael Ramsey, committed Catholics and Anglicans to “a new stage in the development of fraternal relations, based upon Christian charity” (Joint Declaration, 24 March 1966). That fresh chapter of respectful openness has borne much fruit over the past six decades and continues to this day.

On that same occasion, Pope Paul and Archbishop Ramsey also agreed to initiate a theological dialogue. Indeed, the Anglican-Roman Catholic International Commission (ARCIC) has contributed enormously to a growth in mutual understanding since its creation. The rewards of this valuable work have set us free to witness together more effectively (cf. International Anglican-Roman Catholic Commission for Unity and Mission,Growing Together in Unity and Mission, 93). This is especially vital given the manifold challenges facing our human family today. I am grateful, therefore, that this important dialogue continues.

At the same time, we also know that the ecumenical journey has not always been smooth. Despite much progress, our immediate predecessors, Pope Francis and Archbishop Justin Welby, acknowledged frankly that “new circumstances have presented new disagreements among us.” Nevertheless, we have continued to walk together, because differences “cannot prevent us from recognizing one another as brothers and sisters in Christ by reason of our common baptism” (Joint Declaration, 5 October 2016). For my part, I firmly believe that we need to continue to dialogue in truth and love, for it is only in truth and love that we come to know together the grace, mercy and peace of God (cf.2 Jn1:3), and thus can offer these precious gifts to the world.

What is more, the unity which Christians seek is never an end in itself, but is directed towards the proclamation of Christ, in order that, as the Lord Jesus himself prayed, “the world may believe” (Jn17:21). In addressing the Primates of the Anglican Communion in 2024, Pope Francis declared that “it would be a scandal if, due to our divisions, we did not fulfil our common vocation to make Christ known” (Address to Primates of the Anglican Communion,2 May 2024). Dear sister, I willingly make these words my own, for it is through the witness of a reconciled, fraternal and united Christian community that the proclamation of the Gospel will resound most clearly (cf.Message for the 2026 World Mission Day, 2).

With these fraternal sentiments, I invoke upon you the blessings of Almighty God as you take up your high responsibilities. May the Holy Spirit come down upon you and make you fruitful in the Lord’s service.

From the Vatican, 20 March 2026

Memorial of Saint Cuthbert, Bishop

LEO PP. XIV

Publicado por Marco Tosatti en italiano y en inglés el 27 de marzo de 2026, en https://www.marcotosatti.com/2026/03/27/il-saluto-di-leone-xiv-a-una-arcivescovessa-di-canterbury-eresia-ecumenista-carlo-maria-vigano/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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