Marco Tosatti
Estimados StilumCuriales, Americo Mascarucci, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención estas reflexiones sobre el juicio al cardenal Becciu. Disfruten la lectura y la difusión.
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Al final, el juicio contra el cardenal Angelo Becciu debe repetirse, no en su totalidad sino en parte, tal y como estableció el Tribunal de Apelación del Vaticano. Sobre todo, se puso en evidencia de qué modo no se le garantizó plenamente al cardenal el derecho a la defensa, ya que la fiscalía presentó en primera instancia documentos incompletos, cubiertos por numerosas omisiones, lo que impidió efectivamente a los abogados de Becciu defender adecuadamente a su cliente.
Por lo tanto, el juicio tendrá que actualizarse a la luz de la documentación completa que deberá presentarse ahora.
Aún no se ha escrito la palabra final sobre el asunto del edificio de Londres y nada excluye que pueda llegar a un resultado diferente al establecido inicialmente.
Ya veremos.
Pero mientras tanto, lo que ha confirmado el Tribunal de Apelación del Vaticano es decididamente grave, a saber, la evidente contracción del derecho a la defensa, además denunciado en varias ocasiones por Becciu y sus abogados. Y todo esto durante el pontificado de un papa, Bergoglio, que predicó la misericordia hacia fuera, aparentemente negándola sistemáticamente dentro de los muros leoninos.
Becciu fue condenado mucho antes de que el poder judicial determinara su verdadera responsabilidad: nunca antes hubo sinceramente un Papa tan duro con un antiguo colaborador suyo, que por otro lado era un ejecutor leal de su voluntad antes de que estallara el escándalo, privado incluso del derecho a participar en el cónclave posterior, ejerciendo contra él una especie de damnatio memoriae en vida.
Y mientras el cardenal sufrió la injusticia de que se le negara ese principio sano de garante de la presunción de inocencia hasta que se demuestre lo contrario, recibió mensajes de estima, afecto y cercanía del propio Francisco.
De hecho, el pontífice argentino, con tantas visitas privadas y Misas celebradas en común, le animó casi alentando su inocencia, mientras sus investigadores parecían actuar en sentido contrario, haciendo todo lo posible por incriminarle y condenarlo.
¿Cómo podemos olvidar la llamada telefónica entre Bergoglio y Becciu, interceptada y que acabó en los periódicos, en la que el cardenal en la práctica pidió explicaciones al Papa sobre por qué, luego de haberle asegurarle un juicio justo y sobre todo haber reconocido en el transcurso de sus conversaciones privadas que había sido correctamente informado de ciertas operaciones bajo investigación, continuó acusándole y, de hecho, condenándole de antemano. Con Bergoglio tartamudeando, sin saber qué decir, atrincherándose detrás de “No lo sé” y “No recuerdo”.
Además, los jueces de apelación también consideraron ineficaces los rescripta de Francisco con los que asignó al Promotor de justicia esos poderes extraordinarios que le permitieron derogar las leyes ordinarias en el desarrollo de las investigaciones, recopilando pruebas que ahora son de facto inválidas, en virtud de la propia anulación de los rescripta, ya que no fueron comunicados dentro del plazo establecido.
Por eso, Bergoglio, para lograr que Becciu fuera condenado, cambió también las reglas del juego ampliando los poderes de la fiscalía en perjuicio del derecho de defensa. Una experiencia de Becciu realmente embarazosa, lo que pone de manifiesto un modus operandi de la justicia vaticana, pero digamos también bergogliana, decididamente poco cristiana y, sobre todo, muy poco garantista.
La realidad es que Becciu, después de haber sido privado del derecho a entrar en el cónclave y participar en la elección del sucesor de Francisco, hoy ve sus razones parcialmente reconocidas, obteniendo el derecho a un nuevo juicio durante el cual podrá examinar la totalidad de las pruebas de la acusación. En resumen, si se determina la culpabilidad, debe ser más allá de toda duda razonable, conociendo en profundidad las verdaderas responsabilidades del “cardenal dividido por la mitad” y concediéndole el pleno derecho a poder defenderse en el contexto de un juicio justo; si, por otro lado, es absuelto, sólo quedará otra mancha imborrable en el pontificado de Bergoglio, la clara demostración de que ese pontificado fue todo menos verdaderamente misericordioso. Quién sabe qué piensa el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Italiana, Francesco Savino, tan ocupado en las últimas semanas apoyando las razones del No al referéndum sobre la Justicia, invocando la defensa de la Constitución italiana y la independencia del poder judicial para garantizar a los ciudadanos una justicia justa e igual para todos. Si el modelo es la Justicia del Papa a quien tanto amó y lamentó, pobre de nosotros…
Americo Mascarucci
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 19 de marzo de 2026, en https://www.marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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