Marco Tosatti
Muy estimados StilumCuriales, Americo Mascarucci, a quien agradecemos sinceramente, ofrece a vuestra atención estas consideraciones, a las que consideramos extremadamente interesantes e esclarecedoras, sobre el estado de la guerra lanzada por Israel y Trump contra Irán. Disfruten la lectura y la difusión.
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El Corriere della Sera informa que Trump está preocupado, y al mismo tiempo sorprendido, por la inesperada resistencia de Teherán y seriamente alarmado por el hecho que la duración del conflicto podría comprometer las elecciones de mitad de mandato.
Los Republicanos estarían solicitando una salida estratégica del conflicto para limitar los daños, y según los bien informados, estarían muy irritados por el modo en que la Casa Blanca se ha dejado arrastrar al conflicto por la locura de Netanyahu y su urgente necesidad de recuperar popularidad y consenso tanto en Israel como internacionalmente, sacudiendo la imagen de criminal internacional y masacrador de palestinos, y revistiéndose de defensor del pueblo iraní oprimido por la tiranía jomeinista.
Los altos precios del petróleo también pesan cada vez más en Estados Unidos, y el régimen de los ayatolás está lejos de colapsar.
¿Dónde está el pueblo iraní dispuesto a salir a las calles, despertado por el asesinato de Jameneí, para dar el golpe de gracia a la teocracia con una nueva revolución de colores?
Nadie lo ha visto. Sin embargo, Irán nunca ha sido un país dispuesto a rendirse fácilmente, sino al contrario, está dispuesto a luchar hasta el martirio si fuera necesario. ¿Cómo se puede olvidar el ataque que sufrió Irak en 1980? ¿Recuerdan? Saddam Hussein estaba convencido de que podía doblegar a los iraníes en un máximo de tres meses aprovechando el caos creado por la revolución jomeinista.
El ejército imperial había sido desmantelado, los oficiales superiores estaban todos en prisión, el ejército estaba formado por chicos inexpertos que eran hijos de la revolución.
Además, en Teherán la oposición comunista, que también había contribuido a derrocar al Sha, inflamó las calles contra la teocracia.
Irak aprovechó esto para ocupar los territorios fronterizos que siempre habían sido objeto de controversia entre ambos países y para lanzar un ataque duro contra el adversario histórico, convencido de que lo pillaría desprevenido, desorganizado y podría aniquilarle con extrema facilidad.
Pero, sorprendentemente, Irán frustró todos los planes de Saddam. Jomeini liberó a los generales del antiguo ejército imperial y, con la promesa de volver a la cima, los convenció para reorganizar la defensa, que fue muy rápida.
El orgullo nacional y la integridad de la nación, puesta en riesgo por el ataque enemigo, hicieron que las tensiones internas se olvidaran y reunificó a los iraníes, quedando la oposición comunista efectivamente marginada y finalmente se desintegró.
Lo que se suponía que iba a ser una guerra relámpago en las intenciones de Saddam se convirtió en un conflicto de diez años para Irak que llevó al país a la ruina.
A pesar del apoyo garantizado a Bagdad por países occidentales, la Unión Soviética, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, etc., Irak, después de éxitos iniciales, fue rechazado por la contraofensiva iraní y, al final, luego de años de estancamiento, de una guerra agotadora y de repetidos baños de sangre, se vio obligado a aceptar un armisticio que, como en el juego del ganso, devolvió la situación al punto de partida, sin ganadores ni perdedores.
En ese caso, Teherán contó con la ayuda de Israel que, a pesar del odio mostrado hacia él por Jomeini, tenía todo el interés en debilitar a Irak como uno de los principales apoyos de la causa palestina y de la OLP de Arafat.
Por el contrario, los analistas consideran que la intervención israelí fue determinante para debilitar el avance iraquí, atacando los principales arsenales del régimen de Saddam y proporcionando apoyo a la fuerza aérea iraní, que desde este punto de vista estaba completamente desprevenida.
Los rusos jugaban en varias mesas. Apoyaron a Sadam para evitar entregarlo a los brazos de los estadounidenses, pero a través de Siria no dejaron de enviar ayuda a Teherán también. La guerra fue un desastre para Irak que, para recuperarse económicamente, intentó años después sin éxito anexionar Kuwait, lo que inició la Guerra del Golfo.
Un conflicto que terminó en pocos meses en 1991, con la retirada de las tropas iraquíes, pero que en realidad duró una década con amenazas continuas entre Washington y Bagdad y que luego condujo, luego del 11 de septiembre de 2001, a ese ajuste definitivo de cuentas que todos sabemos cómo terminó.
Así que, si la historia nos lo enseña, quizá se debería haber aconsejado mayor prudencia a Trump para que no siguiera a su vergonzoso aliado israelí en un conflicto que corre el riesgo de convertirse en un autogol fatal para Estados Unidos.
A menos que, y ésta parece ser la esperanza de los Republicanos, “nuestro amigo Putin” se encargue de resolver la situación, garantizando una mediación con Teherán que permita a los estadounidenses salir de este atolladero con honor, salvando las apariencias y los precios del combustible, y evitando una derrota electoral presagiada por las encuestas.
Pero, ¿qué quid pro quo podría pedir el zar de Moscú en ese momento?
Americo Mascarucci
Publicado por Marco Tosatti en italiano el 12 de marzo de 2026, en https://www.marcotosatti.com/
Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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