Todas las manos de la OTAN contra Rusia. Jeffrey Sachs.

 

Marco Tosatti

 

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, gracias a la cortesía de Gabriele Guzzi,  ofrecemos a vuestra atención este discurso de Jeffrey Sachs sobre el tema de la guerra, la OTAN y Europa. La opinión personal de quien escribe es que la OTAN debería haberse disuelto al mismo tiempo que se puso fin al Pacto de Varsovia; y en cambio… Disfruten la lectura y compartan.

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Todas las manos de la OTAN contra Rusia

(por Jeffrey Sachs)

 

La guerra en Ucrania es la culminación de un colapso de treinta años del orden de seguridad europeo.

Lejos de ser inevitable o predeterminada, nació de un desmantelamiento sistemático de los principios que arraigaron el acuerdo posterior a la Guerra Fría: la neutralidad de los Estados situados entre bloques militares, el compromiso de Estados Unidos y Alemania de no expandir la OTAN hacia el este, hacia la ex esfera soviética y la doctrina de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), según la cual la seguridad debe ser indivisible,  es decir, que ningún Estado puede fortalecer la seguridad a costa de otro.

Contrariamente a las narrativas occidentales dominantes que describen a Rusia como el agresor unilateral, está establecido que las sucesivas administraciones estadounidenses, apoyadas en momentos clave por la UE, han alejado a Ucrania de su neutralidad constitucionalmente consagrada, arrastrándola a una confrontación geopolítica. En diversos momentos —desde 1990, 1994, 2008, 2014, 2015, 2021 y 2022 hasta hoy— han existido canales diplomáticos explícitos (rampas de salida) que podrían haber garantizado la soberanía de Ucrania, protegido la seguridad europea e impedido la guerra. Cada vez, fueron rechazados por Occidente.

Cuando Ucrania obtuvo la independencia en 1991, la neutralidad fue un pilar del acuerdo político. La Declaración de Soberanía del Estado de 1990 afirmó que el país pretendía ser un “Estado permanentemente neutral” que no se uniría a bloques militares. Este principio se convirtió en ley: el artículo 18 de la Constitución de 1996 compromete al Estado a la neutralidad y a la no alineación. La opinión pública ucraniana reforzó esta postura. Desde los años ‘90 hasta principios de 2014 la mayoría siempre se opuso a la adhesión a la OTAN.

De 1989 a 1991, los líderes occidentales aseguraron reiteradamente a los funcionarios soviéticos que la OTAN no se expandiría hacia el Este si Moscú aceptaba la reunificación alemana, como está bien documentado en archivos desclasificados. El 9 de febrero de 1990, el secretario de Estado estadounidense Baker le dijo a Gorbachov: “La jurisdicción de la OTAN no se moverá ni un centímetro hacia el Este”. El ministro de Asuntos Exteriores alemán, Genscher, declaró en enero de 1990: “No habrá expansión del territorio de la OTAN hacia el Este”.

El Acta Final de Helsinki (1975) y la Carta de París (1990) estipularon que la seguridad en Europa debía ser colectiva, no de suma cero. La Carta para la Seguridad Europea de la OSCE de 1999 reafirmó: “Ningún Estado… aumentará su propia seguridad a costa de la seguridad de otros Estados”. La ampliación, especialmente en Ucrania, violó este principio.

En 1994, Ucrania restituyó a Rusia el control del arsenal nuclear de la era soviética en base al Memorando de Budapest, en un contexto de seguridad definido por tres condiciones: 1) Ucrania permanecería neutral; 2) la OTAN no se expandiría hacia Ucrania; 3) La seguridad europea se basaría en principios de la OSCE, no en la política de bloque.

(…) La tragedia es que, a medida que pasaron los años ‘90, la estrategia estadounidense se ajustó a la lógica articulada por Brzezinski en El Gran Tablero de Ajedrez (1997): “Sin Ucrania, Rusia deja de ser un imperio euroasiático”. “Si Moscú recupera el control de Ucrania… Rusia recupera los medios para convertirse en un poderoso Estado imperial”. Ese pensamiento ha moldeado desde entonces la perspectiva estratégica de Estados Unidos. El objetivo era, por lo tanto, incorporar a Ucrania a la OTAN.

(…) En 2004, Estados Unidos y la UE apoyaron la Revolución Naranja, proporcionando asistencia financiera a grupos de la sociedad civil a través del National Endowment for Democracy [NED], USAID y varias fundaciones. (…) Luego, en 2008, en la cumbre de la OTAN en Bucarest, y a pesar de la fuerte oposición de Alemania y Francia, Estados Unidos obligó a la OTAN a declarar: “Ucrania y Georgia serán miembros”. La canciller alemana Merkel admitió más tarde: “Desde el punto de vista ucraniano, ésta habría sido una declaración de guerra [para Putin]”. Pero la opinión pública se mantuvo en su gran mayoría contraria a esa adhesión: el candidato presidencial Viktor Yanukóvich ganó las elecciones de 2009/10 en base a una plataforma de neutralidad y su administración aprobó una ley que codificaba a Ucrania como un Estado no perteneciente al bloque.

Sin embargo, las fuerzas pro-OTAN en Ucrania y Occidente vieron la oportunidad cuando en 2013 Yanukóvich pospuso la firma de un acuerdo de asociación con la UE, lo cual desencadenó protestas masivas alimentadas por Estados Unidos. El aparato estadounidense para el cambio de régimen se puso en marcha. (…) El 21 de febrero de 2014, la UE medió un acuerdo con Yanukóvich, basado en reformas constitucionales, un gobierno de unidad nacional y elecciones anticipadas. En cambio, en cuestión de horas, grupos armados ocuparon edificios gubernamentales y Yanukóvich huyó, pero ciertamente no dimitió. El Parlamento lo removió sin procedimientos constitucionales y Estados Unidos apoyó al régimen de facto: la UE permaneció en silencio y permitió que el Estado profundo estadounidense tomara el control.

El nuevo gobierno adoptó políticas nacionalistas y declaró una operación militar “antiterrorista” contra las protestas en las regiones orientales étnicamente rusas. Esto militarizó una disputa política e hizo imposible un compromiso. La nueva clase política comenzó a hablar de expulsar a Rusia de su base naval en Crimea. Finalmente, Rusia se apoderó de Crimea, aduciendo preocupaciones de seguridad nacional relacionadas con la Flota del Mar Negro.

Para detener los combates en el Este, Rusia contribuyó a mediar el acuerdo de Minsk II. Este acuerdo, aprobado por unanimidad por la Resolución 2202 del Consejo de Seguridad, preveía un alto el fuego, la autonomía (“estatus especial”) para Donetsk y Lugansk, reformas constitucionales para proteger a la minoría étnica rusa y la retirada de las armas pesadas. Ucrania se negó a implementar el acuerdo, especialmente la autonomía para el Donbás. Merkel admitió posteriormente que el acuerdo pretendía “dar tiempo a Ucrania” para reforzar su fuerza militar.

(…) Entre 2015 y 2021 Ucrania se convirtió de hecho en un socio de la OTAN, gracias a ejercicios conjuntos, nuevas estructuras de mando que cumplen con los estándares de la Alianza, misiones de entrenamiento entre Estados Unidos y el Reino Unido, integración de inteligencia y, sobre todo, miles de millones de dólares en transferencias de armas. En 2021 Ucrania tenía el ejército más grande de Europa fuera de Rusia.

En diciembre de 2021 Rusia presentó dos borradores de tratados, uno para Estados Unidos y otro para la UE, invitando a Occidente a renunciar a la adhesión de Ucrania a la OTAN, retirar las armas de la OTAN de las fronteras rusas, regresar a los niveles de despliegue de 1997 y restaurar los principios de seguridad indivisibles de la OSCE.

Estados Unidos se negó a negociar con Rusia sobre la ampliación, argumentando que la “política de puertas abiertas” de la OTAN no era asunto suyo. El fracaso del intento llevó a Rusia a lanzar la Operación Militar Especial (SMO). En 2023, el secretario general de la OTAN, Stoltenberg, resumió la situación de la siguiente manera: “El contexto era que Putin, en otoño de 2021, había declarado, y de hecho enviado, un borrador de tratado que quería que la OTAN lo firmara, prometiendo que no habría más ampliaciones. Era una condición previa para no invadir Ucrania. Obviamente no lo firmamos… Así que fue a la guerra para impedir que la OTAN se acercara a sus fronteras. Logró exactamente lo contrario”.

(…) En resumen, la guerra en Ucrania no ha sido el resultado de odios antiguos ni de un acto imprevisto de agresión, sino el resultado previsible de una serie de decisiones de Estados Unidos y la UE que desmantelaron la neutralidad ucraniana, rechazaron la diplomacia con Rusia y subordinaron la seguridad de Ucrania a una estrategia geopolítica occidental fallida. Una solución duradera a la guerra requiere volver a los principios que guiaron el periodo posterior a la Guerra Fría: la neutralidad de Ucrania, la seguridad indivisible de Europa y una verdadera diplomacia entre la UE y Rusia.

 

Jeffrey Sachs

 Publicado por Marco Tosatti en italiano el 11 de diciembre de 2025, en https://www.marcotosatti.com/2025/12/11/tutte-le-manine-nato-contro-la-russia-jeffrey-sachs/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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