Las “fuerzas del cielo”: ¿la esencia diabólica del mileismo? José Arturo Quarracino.

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de corazón, nos ofrece estas reflexiones sobre el presidente argentino Milei. Que disfruten de la lectura y la difusión.

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Las “fuerzas del cielo”: ¿la esencia diabólica del mileismo?

 

El presidente Javier Milei se cree o autopercibe como el Moisés del siglo XXI, pero al mismo tiempo adora al mafioso ítalo-americano Al Capone. Cree que su ejército lo componen “fuerzas del cielo”, las cuales en realidad son siervas y lacayas del enemigo de Yahvé y de la raza humana. Se trata de una verdadera esquizofrenia política o una impostura hipócrita a la enésima potencia, avalada por quien se supone es un maestro de la Ley mosaica   

                              

 

Durante la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la Nación Argentina, Javier Gerardo Milei supo explotar histriónicamente varias caracterizaciones del personaje que representaba, aunque ello significara mostrar una faceta contradictoria o directamente esquizofrénica, o bien se exhibiera en una actitud farisaica hipócrita a sabiendas.

Por un lado, se auto percibía como la encarnación siglo XXI de un gladiador romano, junto con su perro Conan, ya fallecido. Por otro lado, se sentía un libertador como Moisés, junto con su hermana, a la que apodaba -y sigue apodando- “el Jefe”, aunque ella sea mujer. Pero al mismo tiempo reivindicó varias veces la figura de Alphonse “Al” Capone, el tristemente célebre hampón de la mafia de Chicago (Estados Unidos), a quien nunca dudó en calificar de “héroe” (¡!!!).

Después de la victoria electoral que lo consagró presidente, en noviembre de 2023, visitó en una sinagoga de la ciudad de Buenos Aires a un importante rabino extranjero, David Hanania Pinto Shlita, declarándose abiertamente “judío” de palabra, y antes de asumir la presidencia visitó la sede de la secta Jabad Lubavicht en Nueva York y la tumba de una de sus máximas figuras, el rabino Menachem Mendel Schneerson. En esos días también se ufanaba de ser lector de la Torah (el Pentateuco del canon bíblico católico), bajo la guía de un proclamado rabino judío argentino, Simon Axel Wahnish, en realidad un licenciado en Psicología Educacional y actualmente embajador argentino en Israel. Pero al asumir la presidencia de la Nación, el 10 de diciembre de 2023, juró posando su mano derecha sobre una Biblia católica.

En el caso de su rabino-guía, llama poderosamente la atención que el supuesto experto en la Torah le permitiera a su “discípulo” alabar a Moisés y al mismo tiempo ensalzar a Al Capone, un acto verdaderamente esquizofrénico o de máxima hipocresía, que contradice de raíz la enseñanza bíblica que se supone que el rabino Axel debe custodiar y salvaguardar.

Una vez en su cargo, ya ejerciendo la primera magistratura del país, en una entrevista con uno de sus amanuenses preferidos, Javier Milei no tuvo problema alguno en afirmar que su misión -como presidente argentino- era “liberar al pueblo de Israel” (¿¿??!!!), por supuesto con la mediación espiritual de Al Capone (¿¿??!!!) y de las “fuerzas del cielo”.

Bajo esta última denominación se congregaron inicialmente y lo siguen haciendo grupos de jóvenes (a)narcolibertarios, que han practicado desde el comienzo un culto a la personalidad de su líder rayano en el delirio místico, en varias ocasiones antagónico con el espíritu judaico del que hacen gala, promoviendo títulos paganos tomados de la cultura romana antigua y del cristianismo: “Emperador”, “Redentor universal”, “luz del planeta”, “faro de la derecha”, etc.

La cuestión que se plantea es que esta figura o imagen de “las fuerzas del cielo” no es un concepto tomado de la Tanaj (la Biblia o Sagrada Escritura judía), sino del Catolicismo, específicamente de un texto del Antiguo Testamento que forma parte del canon bíblico católico (es decir, de los textos bíblicos reconocidos como palabra auténtica de Dios mismo, por eso normativo para todos los creyentes). Un texto que no forma parte de la fe judía.

El texto es el Libro Primero de los Macabeos, en el cual se narra la resistencia que organizaron los judíos contra las fuerzas militares del invasor sirio, Antíoco IV Epifanes, quien en el año 175 a. C. invadió Palestina, sometió a la ciudad de Jerusalén y convirtió al Templo erigido 7 siglos antes por el rey Salomón en un gimnasio griego, colocando una estatua de Zeus (Júpiter) en el mismo lugar sagrado en el que había sido colocada siglos antes el Arca de la Alianza, la cual contenía en su interior las Tablas de la Ley originales que Dios le había entregado a Moisés en el Monte Sinaí, escritas por Él mismo.

La resistencia judía contra el invasor sirio fue encabezada inicialmente por el anciano sacerdote Matatías, y luego de su muerte por uno de sus cinco hijos, el famoso Judas Macabeo, quien en la primera batalla que combatió como jefe de los judíos fieles a la Ley enfrentó al ejército invasor muy superior en número a las fuerzas judías, en el valle de Bet-Jorón, cercano a Jerusalén. A causa del temor de los judíos, intimidados por la superioridad numérica del invasor, Judas Macabeo pronunció la famosa frase que alentó y fortaleció el espíritu de sus compañeros de armas: “Es fácil que una multitud caiga en manos de unos pocos. Al Cielo le da lo mismo salvar con muchos que con pocos; que en la guerra no depende la victoria de la muchedumbre del ejército, sino de la fuerza que viene del Cielo. Ellos vienen contra nosotros rebosando insolencia e impiedad con intención de destruimos a nosotros, a nuestras mujeres y a nuestros hijos, y hacerse con nuestros despojos; nosotros, en cambio, combatimos por nuestras vidas y nuestras leyes; Él les quebrantará ante nosotros; no les temáis” (1Mac 3, 18-22).

En el texto original griego (la versión de la Septuaginta) dice clara e inequívocamente en singular “la fuerza [que viene] del Cielo” [ἀλλ’ ἐκ τοῦ οὐρανοῦ ἡ ἰσχύς]. La fuerza de Dios es única, combate a través de los soldados fieles que le obedecen. La fuerza es Dios, Dios es la fuerza, de ninguna manera son muchas las fuerzas celestiales, sino una y única: Dios mismo.

Pero en el último libro del Nuevo Testamento (y de la Biblia), en el Apocalipsis, hay efectivamente un pasaje que menciona que hay fuerzas celestiales -Satanás y sus ángeles- que son expulsadas del Cielo, luego de que fracasaran en su intento de dar muerte al Hijo de Dios: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: [el arcángel] Miguel y sus ángeles combatieron con la Serpiente. También la Serpiente y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Fue arrojada la gran Serpiente, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojada a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con ella” (Ap. 12, 7-9).

El texto original es también en este caso claro e inequívoco: son arrojados y expulsados desde el Cielo tanto Satanás, el Diablo, como sus agentes y servidores del mal. Son fuerzas del mal expulsadas del Cielo para siempre.  

A confesión de parte, relevo de pruebas, dice un viejo proverbio del mundo judicial. Que las “fuerzas del cielo” del mileismo son esas entidades diabólicas lo prueba y demuestra la misma praxis política llevada a cabo por el adorador de Al Capone y sus secuaces en sus dos primeros actos de gobierno: desde legisladores y candidatos ligadas al mundo del narcotráfico, de la prostitución VIP y de los paraísos fiscales en territorios bajo dominio de la Corona británica, hasta las estafas con criptomonedas, la protección y defensa de dinero vinculado al tráfico de sustancias ilegales, los cohechos y sobreprecios en el ámbito de la salud y de los sectores más vulnerables de la sociedad (discapacitados, niños, ancianos, etc.), la contratación de empresas por parte del Estado directamente vinculadas a funcionarios y legisladores, la garantía estatal para la especulación financiera de fondos de inversión extranjeros, la destrucción de fuentes de trabajo y de pequeñas y medianas empresas, la agresión y descalificación constantes del presidente contra quienes no son “libertarios”, los ataques y burlas verbales a las mujeres que lo critican, el ataque público llevado a cabo por Milei junto con sus secuaces contra la vicepresidente de la Nación, etc. Y por encima de todo, la actitud soberbia que le hace creer o autopercibirse que es el mejor presidente de la historia argentina o que es un “titán” mundial que merece el premio Nobel de Economía. Soberbia que es la esencia y ADN del Diablo y de toda su piara infernal, soberbia que el presidente argentina exhala hasta por los codos.

Soberbia exacerbada y alimentada por una dirigencia política internacional que en realidad constituye un pésimo ejemplo y una lacra como responsable del destino de los pueblos, salpicada por ser cómplice activo y partícipe en la explotación sexual de mujeres jóvenes, liberación de políticos condenados por delitos de narcotráfico, matanza y genocidio de poblaciones altamente vulnerables, etc.

Es que como dice una famosa definición del filósofo Platón en su texto El Banquete, “lo semejante busca asimilarse a lo semejante”. Dicho en lenguaje popular, “Dios los cría y ellos se juntan”.

 

José Arturo Quarracino

8 de diciembre de 2025

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