Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de corazón, nos ofrece estas reflexiones sobre un reciente y discutible documento del cardenal Fernández. Que disfruten de la lectura y la difusión.
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La fobia vaticana contra la Santísima Virgen María
En su último, infame y penoso aporte a la Iglesia “sinodal” anticatólica, el inefable Víctor Manuel “Tucho Trucho” Fernández muestra claramente que a causa de sus inclinaciones erótico-sexuales le tiene una fobia profunda a la Madre del Redentor, fobia disfrazada con elucubraciones teológicas propias de un burócrata de Curia, que si tiene algo de fe evidentemente no la vive ni ejerce. Avalado por quien se supone que debería ser el Vicario de Jesucristo en la historia, pero que repite -como comedia- el rol anticatólico de su predecesor.
En estos últimos días se ha escrito mucho, y muy bien y en ocasiones en forma excelente, sobre el error de doctrina, la afrenta y la injuria llevada a cabo por el “prefecto” del Dicasterio que debería ser custodio de la Fe, el trucho cardenal Víctor “Tucho” Fernández, contra la Santísima Virgen María en su rol de Corredentora y Mediadora de Todas las Gracias.
Es evidente que estos dos títulos que el Magisterio pontificio ha aplicado a María en forma constante desde hace 5 siglos hieren y lastiman la sensibilidad del autor-redactor del libelo Mater fideli populis, en el cual el cardenal argentino exhibe una erudición teológica típica de los burócratas de escritorio, pero al mismo tiempo una falta de sensibilidad religiosa y piadosa respecto a la figura de María. Postura que lo lleva a reducir el rol de la madre de Nuestro Señor Jesucristo a una dimensión puramente humana -madre del pueblo fiel-, sin ninguna participación activa en la redención obrada por su Hijo.
En esta actitud del cardenal Butterfly argentino se percibe o trasluce un desprecio a la Virgen, como si ponerla al lado del Señor resucitado le quitara plenitud o ensombreciera al Redentor. Para esta mente erótica, sólo debe ser alabado y proclamado el varón, la mujer le molesta, como le sucede a los de su condición.
Pero en realidad todas estas elucubraciones son propias de un intelectual que no vive la Fe cristiana, simplemente porque no la tiene. Es cierto que posee, maneja y manipula términos bíblicos, teológicos, eclesiológicos, etc., pero a un nivel puramente intelectual, sin ninguna vivencia espiritual concreta y profunda. En realidad, se ensaña con María, le horroriza que la Fe de los sencillos la sitúe al lado de Jesús, participando en la obra redentora de Jesús. Si tuviera un poco, un poquito de sensibilidad humana y cristiana, este genio del bergoglianismo comprendería que en la crucifixión corporal de Nuestro Señor también fue crucificado el corazón de la Virgen, porque es Su madre. Y si la Ella participó en Su muerte en la cruz, entonces también participó en Su obra redentora, porque su corazón resucitó con Él. Y eso no menoscaba en nada la Redención única y exclusiva operada por el Salvador, todo lo contrario: en la crucifixión del corazón de la Santísima Virgen, todo el género humano participa de la muerte del Señor y también de Su resurrección. Ningún dolor humano es superior al de la madre de Jesús, por eso Ella es intercesora y mediadora entre nuestros dolores más profundos y el Redentor.
Si tuviera algo de Fe y la viviera, meditaría sobre la presencia y participación activas de la Virgen tanto en el momento de la Encarnación, como en el de la Pasión y Resurrección del Señor. En ambos casos, especialmente en el segundo, María no sólo estuvo físicamente pre-sente, sino que participó activamente, en total plenitud, hasta lo más profundo de su ser, hasta la médula.
En su libelo, el cardenal erótico sostiene que su objetivo es destacar o resaltar “la maternidad de María con respecto a los creyentes”, presentada como un tesoro de la Iglesia. Solamente la maternidad, por eso es que se propone corregir o evitar interpretaciones que “proponen un determinado desarrollo dogmático y “se expresan intensamente […] despertando, con frecuencia, dudas en los fieles más sencillos” [subrayado nuestro]. Alude concretamente a los títulos de Corredentora y Mediadora de todas las gracias, que a su juicio “despiertan dudas en los fieles más sencillos”.
En esta definición se puede visualizar con toda claridad la soberbia que domina al cardenal Trucho: los fieles sencillos son débiles en la fe, no como él que se las sabe todas, al punto que se permite juzgar a los Papas que a lo largo de los últimos siglos aplicaron y avalaron los títulos en cuestión que al prelado curialesco tanto le molestan. Es decir, el cardenal se autopercibe superior a los fieles sencillos y a los Papas.
En realidad, la confusión reside total y absolutamente en la cabeza del prelado, que se siente molesto porque con ambos títulos en cuestión queda desdibujada –según él– el carácter de único Redentor que es Jesucristo. Vaya a saber de qué fieles sencillos confundidos habla Su “Eminencia”, porque en realidad ni éstos últimos ni los Papas “exagerados” se han visto alguna vez confundidos. Por el contrario, ambos reconocen y alaban en María Santísima la colaboración y la cooperación en la obra redentora y salvífica llevada a cabo exclusivamente por Jesucristo. Su “hágase en mí según tu palabra” aceptando ser la madre del Hijo de Dios la asocia inevitable e indudablemente -como colaboradora- a la Redención, al igual que su acompañamiento en la Pasión la asocia también inevitable e indudablemente a la Pascua de Cristo. En este caso, como madre podría haber intentado liberar a su Hijo de la muerte, pero bien sabía que ésta última era necesaria para su Hijo cumpliera la voluntad salvífica del Padre. En esas horas terribles de tormentos y de agonía, Nuestro Señor seguramente sintió la compasión y el consuelo de su madre, aunque Ella tuviera el corazón destruido por los sufrimientos de su Hijo. En otras palabras, en la Pasión de Jesús la madre del Señor colaboró y cooperó -¡y de qué manera terrible!- con su Redención.
Los fieles sencillos bien lo sabemos y lo tenemos muy en claro: el único Redentor y Mediador entre Dios y los hombres es Jesucristo. Sabemos muy bien que la Santísima Virgen no redime, sino que nos da el ejemplo de que seguir al Señor siempre es costoso y doloroso, pero nunca llega al nivel que experimentó María. Sabemos muy bien que la Santísima Virgen no es mediadora entre Dios y nosotros, sino que es mediadora de todas las gracias que el Señor derrama en la vida de los fieles creyentes que siguen sus pasos. El confundido es el cardenal, no los fieles sencillos. Su confusión proviene de la soberbia que lo envuelve al creer que como prefecto de un Dicasterio puede corregir la enseñanza de los Papas santos que le aplicaron a María ambos títulos.
Pero no hay que olvidar que en rigor de verdad nuestro personaje fue investido de esta soberbia por el papa Bergoglio, quien al designarlo como prefecto para custodio de la fe le hizo saber que su misión era la de “verificar que los documentos del propio Dicasterio [para la Doctrina de la Fe] y de los demás tengan un adecuado sustento teológico, sean coherentes con el rico humus de la enseñanza perenne de la Iglesia y a la vez acojan el Magisterio reciente” (Carta del Papa Francisco al nuevo Prefecto de la Fe, 1 de julio de 2023).
En este caso el “prefecto” cumplió con la voluntad de su Papa ídolo, quien le pidió que los documentos del Dicasterio sean coherentes con el “rico humus de la enseñanza perenne de la Iglesia” –no con la enseñanza perenne, sino con el “rico humus” (¿¿¿???)- y acojan el “Magisterio reciente” –es decir, el de Jorge Mario Bergoglio-, quien también rechazó de plano y constantemente el título de María Corredentora.
Es evidente: el cardenal Butterfly es fiel al humus de la doctrina, no a ésta, y también es fiel al “magisterio” de Bergoglio, no al Magisterio pontificio.
Es indudable también que el papa Robert Prevost -como sucesor de Bergoglio- avala esta injuria y afrenta a la Santísima Virgen por parte del niño mimado de Bergoglio: “El Sumo Pontífice León XIV, el día 7 de octubre de 2025, Memoria Litúrgica de la Santísima Virgen del Rosario, ha aprobado la presente Nota, deliberada en la Sesión Ordinaria de este Dicasterio, con fecha 26 de marzo de 2025, y ha ordenado su publicación”.
Como dice un viejo refrán español, “la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer”.
José Arturo Quarracino
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