Javier Milei, soberano absoluto, como el Rey Sol: la corrupción, soy yo. José Arturo Quarracino.

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de corazón, les ofrece estas reflexiones sobre el presidente argentino Milei. Que disfruten de la lectura y la difusión.

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Javier Milei soberano absolutista: la Corrupción soy yo

 

Se le atribuye a Luis XIV, el famoso rey de Francia (1638-1715) una frase famosa -El Estado soy yo-, supuestamente pronunciada el 13 de abril de 1655 frente al Parlamento de París, pero que no ha sido documentada en ningún testimonio oficial. La frase pretende justificar el carácter absolutista de la monarquía en ese siglo, no sólo en Francia, sino también en Europa. Al tratar de defender a su hermana acusada de corrupción, el presidente argentino deja bien en claro que hace suya y propia la corrupción de su hermana.

 

A lo largo de sus 20 meses de gestión, la presidencia del economista libertario argentino Javier Milei ha mostrado sin lugar a dudas que concibe a la magistratura presidencial como un poder absoluto que ninguna persona ni ninguna institución (Parlamento, Justicia, etc.) puede criticar o ponerle límites, so pena de ser embestidas por la furia y la ira que caracteriza al mandatario argentino en sus reacciones.

En este sentido, nadie situado fuera de su círculo de partidarios y amigos se ha salvado de ser alcanzado no sólo por la crítica, sino hasta por el agravio y el ataque personal -artistas, periodistas, opositores políticos, intelectuales, tratados como “pautadependientes, degenerados fiscales, descerebrados, parásitos mentales”- como institucional, por ejemplo, el Parlamento nacional calificado de “nido de ratas”. En especial, han sido constante las descalificaciones personales a las mujeres en particular, tanto cuando fue candidato a legislador y luego a presidente, como cuando asumió la primera magistratura del país.

En este sentido, fue persistente y habitual su forma de proceder: ante la más mínima crítica a alguna gestión gubernamental o a un proyecto de ley, inmediatamente brotaba de su boca el latigazo verbal, incluso en forma desproporcionada.

Pero llamativamente, hace quince días, la actitud del presidente Milei fue totalmente opuesta a lo acostumbrado, cuando en un programa de un canal de streaming se difundieron audios de un funcionario gubernamental -el abogado Diego Orlando Spagnuolo-, director de la Agencia Nacional de Discapacidad, quien además hasta ese momento había sido abogado de Javier Milei en algunas causas judiciales menores y un gran habitué a la intimidad del mandatario, tanto en la Casa de Gobierno como en la residencial presidencial situada en Olivos. Amigos íntimos, sin ninguna duda.

En esos audios el entonces funcionario, presuntamente grabado sin que él lo supiera, expone datos que han hecho temblar en sus cimientos al gobierno nacional, porque denuncia por cohecho no sólo a Karina -la hermana del presidente Milei, secretaria general de Gobierno y su sostén político y emocional- y a sus dos alfiles políticos (Martín y Eduardo Menem). También deja bien en claro que le hizo conocer al mismísimo presidente ese delito, pero da a entender que éste último se desentendió absolutamente del tema. En otras palabras: a través de esos testimonios, el amigo del presidente ha puesto en evidencia y se ha hecho público que la hermana presidencial ha cometido un delito en forma continua y que su hermano la ha dejado actuar, convirtiéndose así en cómplice de un delito cometido en perjuicio de la Administración Pública nacional que el señor Milei debe resguardar y proteger siempre, so pena de convertirse en cómplice.

La primera reacción gubernamental fue de estupor, asombro y mutismo total. La primera respuesta –tardía, cinco días después– fue la de poner en duda la autenticidad de los audios, pero una vez confirmado por el mismo funcionario que era realmente él quien hablaba, los involucrados negaron el contenido.

Llamativamente, la hermana denunciada se llamó a silencio total sobre el tema. Y más llamativamente aún, su hermano presidente no abrió la boca ni pronunció palabra alguna para defender a su hermana, contrariando su conducta habitual, sobre todo cuando se hacía alguna referencia a ella. Mandó a decir a otros lo que él “decía”, pero recién diez días después de iniciado el conflicto “auditivo” se pronunció Milei, diciendo que era todo mentira y que iba a llevar al denunciante a la Justicia (reconociendo así la autenticidad de los audios).

Pero en medio de esas desmentidas mediante terceras personas, el presidente cometió un error garrafal, al explicitar que no duda ni por un instante en defender y sostener en su cargo a la hermana, aunque ésta sea una delincuente: en este caso, hizo saber por uno de los periodistas más serviles a su disposición que él es y va a seguir siendo inflexible contra toda corrupción, por mínima que sea, expulsando de la función pública a quien cometa delitos, excepto su hermana, ¡porque ella es intocable! 

 

Es decir, en su descontrol emocional y verbal, el presidente Milei ha afirmado con toda claridad que ningún corrupto tiene lugar en su gobierno, ¡excepto su hermana! Pero con esa definición él mismo se autoincrimina y deja en claro que protege y ampara la corrupción familiar, con lo cual él también resulta ser corrupto.

En este sentido, el slogan del gobierno que se presume liberal-libertario ya no es “La Libertad Avanza”, sino “La Corrupción Avanza” sin más, mientras sea de la propia familia.

 

José Arturo Quarracino

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