Dios se ha servido de los cardenales, también creados por Bergoglio, para dar a la Iglesia su Vicario. Un sacerdote, Sergio Russo 

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, gracias a la cortesía de Sergio Russo, a quien extendemos nuestro agradecimiento, ponemos a vuestra disposición estas reflexiones de un sacerdote sobre la elección de León XIV. Disfruten la lectura y difundan.

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15 de mayo de 2025 – Dios ha llamado a un Papa para el Reino de Dios

 

Queridos hermanos, en la Divina Voluntad puedo decir en nombre de todos “gracias a Dios” por todo lo que nos da y también por todo lo que nos quita, todo para nuestro bien, pero ahora de manera especial le agradezco por haber concedido a la Iglesia uno de Sus Vicarios, el Papa León XIV. Y mientras todos lo estamos examinando, es el Señor quien nos está examinando a través de él.

Veo que continúa la polémica por parte de muchos con respecto al nuevo Papa. Me cuidaré de participar en estas discusiones que no sirven para crecer en el amor al Señor, sino que es necesario comprender lo mejor posible cómo está la situación y tener ideas claras sobre cómo comportarnos.

Se dice que “Dios escribe derecho, incluso con los renglones torcidos”: ha aprovechado este Cónclave para darnos un Papa, un “buen Pastor” que lo representa. ¿Será así? Al escuchar el nombre del nuevo Papa, muchas personas se alegraron y respiraron aliviadas. La gente que llenaba la Plaza de San Pedro estaba llena de entusiasmo, como en un estadio, con tanta emoción superficial, resultado en gran parte de la forma en que la televisión y los “medios de comunicación” presentan las cosas y crean una mentalidad, sin comprender la verdadera situación de la Iglesia.

Otros, en cambio, siguen rechazando la idea de que el Papa elegido sea un Papa legítimo, por cosas que ha dicho en el pasado o por algunos detalles (que se podrían analizar y probablemente tendrían alguna explicación); y, sobre todo, porque la mayoría de los cardenales que lo eligieron son (o serían) ilegítimos, habiendo sido creados cardenales por un Papa que “hacía de Papa” sin serlo, por Francisco, y esto según ciertas leyes o “cánones” de la Iglesia. Así dicen.

Se puede interpretar este Cónclave como regular, porque se celebró después de la muerte del Papa… ¿Pero de qué Papa? Vamos a lo seguro: Benedicto XVI. Han pasado cerca de dos años y cuatro meses desde su muerte. En mi opinión, Dios se ha servido de estos “cardenales” creados por el papa Bergoglio, junto con los otros (pocos) cardenales nombrados por el papa Ratzinger, para proveer y dar a su Iglesia su propio Vicario.

La Iglesia necesita a alguien que represente a su Cabeza, Jesucristo, y que “confirme a sus hermanos en la fe”. También se podría pensar -¿por qué no?- que los pocos cardenales anteriores a la llegada de Francisco votaron por este Papa y que el voto de todos los demás, a pesar de ser la mayoría, no contaba… De lo contrario, ¿habríamos tenido que esperar a que el Cónclave lo hicieran los ángeles que descendieron del Cielo? Porque si nos basáremos estrictamente en las reglas,  habría sido imposible elegir otro Papa, a menos que primero se hubiera producido un cisma… Ese es el punto de estar demasiado orientado al rigorismo jurídico… No debemos olvidar que no existe sólo la Ley, sino “la Ley y los Profetas”, y como dice san Pablo, “la letra mata, el espíritu vivifica” (2 Co 3, 6). Que el Señor no nos tenga que decir a nosotros, como a los fariseos: “¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!” (Mt 23, 24).

Alguien dice, escandalizado: “¿Y esta sería la Iglesia?”. Sería como decir, delante de Jesucristo, reducido como estaba en su Pasión, irreconocible: “¿Y éste sería el Hijo de Dios?”. «¡Bienaventurado el que no se escandaliza de Mí!», dijo el Señor (Lc 7, 23).

Es lógico que cada uno de nosotros trate de entender y encontrar una explicación, con algún argumento que apoye lo que pensamos… Pero siempre se trata de opiniones. Pueden ser sinceros, incluso lícitos, pero no son dogmas de fe, ni podemos pretender imponerlos a los demás. Esto no es relativismo. La verdad plena viene solamente de Dios y Él nos la mostrará en el momento decisivo: por eso debemos orar y esperar con confianza en Él y con humildad.

El enemigo infernal, enemigo de la paz, busca destruirnos, dividiendo y enfrentando las mentes de todos contra todos. No me gustaría que esto sucediera también entre nosotros. El problema no es decir si este Papa es verdadero o falso, en realidad, el problema está dentro de cada uno de nosotros. El peligro viene de nuestro querido “yo”…, “yo sé”. Es nuestro amor propio, nuestra querida voluntad humana. “En este mundo falso, nada es verdadero y nada es falso; -todo es del mismo color- de las gafas que tienes en la nariz”.

Es por eso que la Iglesia está dolorosamente dividida, no solo entre tradicionalistas y progresistas, sino que está fracturada en muchas voluntades humanas, en las parroquias, en los grupos y en las familias… La Iglesia está dividida, el peligro de la división está dentro de cada uno de nosotros. “Proclamo el libre pensamiento porque es mío, y que muera el que no piense como yo”. La Santa Iglesia es Una, no sólo porque no puede haber otras, sino porque lo es en su unidad a imagen de la Santísima Trinidad. Esta es la unidad de la que habla san Pablo: “Les exhorto a que se comporten de manera digna de la vocación que han recibido, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos los unos a los otros con amor, procurando conservar la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz. Un solo cuerpo, un solo espíritu, de la misma manera que es una sola la esperanza a la que han sido llamados, la de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Un solo Dios, Padre de todos, que está por encima de todos, actúa a través de todos y está presente en todos” (Ef 4, 1-6).

Esta unidad del espíritu, la unidad en la Fe, no se crea como fruto del “diálogo”, no es fruto de acuerdos entre nosotros o por votación democrática o “sinodal”. Es, ante todo, una gracia que viene de Dios.

Después de la Última Cena, Jesús oró al Padre, insistiendo en lo que le es tan querido: nuestra unidad en la Verdad, y dijo: “Padre Santo, guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros… No te pido que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, así como yo no soy del mundo. Santifícalos en la Verdad. Tu palabra es la Verdad. Así como Tú me enviaste al mundo, yo también los envié al mundo; por ellos Yo me consagro, para que ellos también sean consagrados en la Verdad. No rezo sólo por ellos, sino también por aquéllos que creerán en Mí debido a su palabra. Para que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y Yo en Ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Y la gloria que Tú me diste, yo se la di a ellos, para que sean uno como Nosotros. Yo en ellos y Tú en Mí, para que sean perfectos en unidad y el mundo sepa que Tú me has enviado y los has amado como Tú me has amado. Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde Yo estoy, para que contemplen mi gloria, la que Tú me has dado; porque me amaste desde antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te conoció, pero Yo te he conocido; ellos saben que Tú me has enviado. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el Amor con que me has amado esté en ellos y Yo en ellos” (Jn 17, 11 y 15-26).

Luisa escribe en el vol. 6 (15-08-1904): “… En un relámpago vi a toda la Iglesia, las guerras que los religiosos tienen que sufrir entre ellos y que tienen que recibir de los demás; las guerras entre las sociedades; parecía un alboroto general. También parecía que el Santo Padre tenía que servirse de muy pocas personas religiosas, tanto para reducir al buen orden el estado de la Iglesia, sacerdotes y otros, como para la sociedad en este estado de agitación.

Ahora, mientras veía esto, el bendito Jesús me dijo: “Crees que el triunfo de la Iglesia está lejano?”.  Yo dije: “Por supuesto, ¿quién tiene que volver a poner en orden tantas cosas desordenadas?”. Y él dijo: “Al contrario, te digo que está cerca, es un choque que debe suceder, pero fuerte, y por eso lo permitiré todo junto, entre los religiosos y los seculares, para acortar el tiempo. Y en este feo choque de fuerte desorden triunfará el buen y ordenado choque. Pero en tal estado de mortificación que los hombres se verán perdidos, les daré tanta gracia y luz para que conozcan el mal y abracen la verdad, haciéndote sufrir también por este propósito. Si con todo esto no me escuchan, entonces te llevaré al Cielo y las cosas serán aún más graves y tardarán un poco más en conseguir el deseado triunfo”.

Tengamos presentes cómo muchas cosas escritas por Luisa hace más de un siglo tienen un significado profético para este tiempo: “Mi palabra es eterna y lo que no puede servir aquí puede ser útil en otro lugar, lo que no se efectúa en estos tiempos se efectuará en otros tiempos, pero así es como yo lo quiero” (Vol. 10°, 19-01-1911).

“Lo que les dije no se refería solamente a los tiempos presentes, sino también sobre al tiempo futuro, y lo que no sucederá ahora, se cumplirá después. Y si alguien encuentra dificultades o dudas, significa que no conoce mi discurso. Mi palabra es eterna, tal como lo soy Yo”. (Vol. 12°, 16-10-1918).

Y en el Vol. 10° (09-11-1910) Jesús dice: “Hija mía, las obras más santas, hechas con un propósito humano, son como esas vasijas agrietadas, que al ponerle en su interior cualquier licor [líquido], poco a poco fluye a la tierra, y si se tomasen esas vasijas en casos de necesidad, se encuentran vacías. Por eso los hijos de mi Iglesia se han reducido a este estado, porque en su obrar todo es un fin humano, de modo que en sus necesidades, en sus peligros, en sus enfrentamientos, se han encontrado vacíos de gracia y, por lo tanto, debilitados, enervados y casi cegados por el espíritu humano se entregan a los excesos. ¡Oh, cuán vigilantes deberían haber sido los líderes de la Iglesia para no convertirme en el hazmerreír y casi en la tapadera de sus nefastas acciones! Es cierto que habría mucho escándalo si se los castigara, pero me sentiría menos ofendido por los muchos sacrilegios que cometen. ¡Ay, me es demasiado difícil tolerarlos! Reza, ruega, hija mía, que muchas cosas tristes están a punto de salir del interior de los hijos de la Iglesia”.

En síntesis, en todo este gran debate, como en todas las cosas, el punto esencial es preguntarnos: ¿pero todo esto me acerca a Dios, me hace crecer en su conocimiento y en su amor? Pidamos al Señor que encienda la Luz y recemos por el Papa, para que pueda cumplir su misión de dar la Luz de Cristo y abra finalmente ese libro que tiene en su escudo de armas: ¡es sin duda el “Libro del Cielo”!

Un sacerdote que cree, espera y ama a la Santa Iglesia

(publicado por Sergio Russo)

 

Publicado originalmente en Italiano por Marco Tosatti el 16 de mayo de 2025, en https://www.marcotosatti.com/2025/05/16/dio-si-e-servito-dei-cardinali-anche-creati-da-bergoglio-per-dare-alla-chiesa-un-suo-vicario-un-sacerdote-sergio-russo/

 

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

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