Cónclave. Ettore Gotti Tedeschi: como nunca antes se necesita una Autoridad moral fuerte en la Iglesia   

 

Marco Tosatti

Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, ponemos a vuestra disposición esta entrevista concedida por el Prof. Ettore Gotti Tedeschi al periódico Libertà de Piacenza. La versión que presentamos es la completa, el periódico publicó una versión abreviada. Disfruten la lectura y compartan.

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“COMO NUNCA ANTES SE NECESITA UNA AUTORIDAD MORAL FUERTE EN LA IGLESIA

(entrevista a Ettore Gotti Tedeschi)

 

Ettore Gotti Tedeschi, usted ocupó el cargo de presidente del Instituto para las Obras de Religión, el llamado IOR, el banco de la Santa Sede. En resumen, sabe un par de cosas sobre el Vaticano. ¿Cuál es ahora, en su opinión, el futuro de la Iglesia luego de la muerte del papa Francisco?

«Mi experiencia comenzó hace casi 15 años (en 2009 hasta 2012), en una época en la que el Papa era Benedicto XVI, con quien tuve el privilegio “único” de colaborar. Los tiempos han cambiado y desde entonces he estado demasiado lejos de los “muros sagrados”. Por lo tanto, volviendo a su pregunta: no lo sé. Creo que el futuro de la Iglesia depende del resultado del Cónclave, del que tendremos muchas explicaciones esclarecedoras sobre un punto fundamental, que todas las persona se preguntan: ¿qué Iglesia será la que venga después del Cónclave? ¿Qué acontecerá respecto a las verdades doctrinales? ¿O se evolucionará mucho más con el mundo, gracias a un concepto de misericordia que integra o sustituye a la verdad? El cónclave nos explicará cuál Iglesia quieren los cardenales. La decisión sobre el sucesor del papa Francisco debería ayudar a entender esto. Creo que nunca antes, como hoy, el mundo ha necesitado una Autoridad Moral fuerte».

¿En su opinión, cómo debería ser esta Iglesia?

«Para mí, el problema es más amplio. Me parecería limitante decir simplemente lo que me gustaría que la Iglesia hiciera o de qué manera. Lo que está en juego, en este momento, no es sólo el futuro de la Iglesia, sino el de toda la civilización de origen cristiano, o más bien occidental, fruto de una enseñanza de valores y principios vividos en los últimos milenios. La Iglesia representa la autoridad moral más escuchada en el mundo, incluso más que las otras religiones. Además, hay un problema…».

¿Cuál?

«Vivimos en un mundo que ha cambiado drásticamente en las últimas décadas. Hace sólo treinta años Occidente controlaba el 90 por ciento del PBI mundial; hoy menos de la mitad. Esto significa que otras “culturas y civilizaciones” son más influyentes. Puesto que el cristianismo ha contribuido fuertemente a la fundación de la actual civilización occidental, debemos reflexionar sobre cuál será el futuro de la civilización occidental y del de toda la humanidad, en función de lo que la Iglesia quiera ser ella misma para influir moralmente en este futuro, teniendo en cuenta estas transformaciones geopolíticas, técnicas, económicas, sociales y culturales. Basta pensar que los llamados BRICS (países emergentes) valen un porcentaje del PBI mundial cercano al 40% y están creciendo a un ritmo del 5-7% anual, mientras nosotros estamos estancados. En este mundo en gran transformación, ¿qué puede y debe hacer la autoridad moral? El resultado del Cónclave lo explicará».

Algunos dicen que el futuro de la Iglesia está en Asia y buscan a un Papa de origen filipino y con parientes chinos, Luis Antonio Tagle. ¿Qué piensa usted de ello?

«Hace treinta años, China representaba alrededor del 2 por ciento del PBI mundial, era un país de campesinos. Hoy representa el 24 por ciento, exactamente igual que Estados Unidos. Recuerdo una discusión con Benedicto XVI sobre este punto, me preguntó, respecto a la deslocalización de la producción de Occidente a Oriente y el consiguiente crecimiento económico de China: “¿Cuando sean fuertes y ricos, difundirán también su cultura, además de sus productos? ¿Con qué resultado para Occidente? Eso sí: somos nosotros los que creamos el poder de China. El cardenal Ratzinger había intuido las consecuencias. Es un punto fundamental. Tienen razón los que dicen que hay que mirar a ese continente. Pronto Asia exportará también cada vez más su cultura y sus valores. Así que sí, sin duda es necesario pensar en Asia y ayudar a esos países, especialmente a China, a comprender los valores de Occidente. Lo que ya está ocurriendo, ya que desde hace treinta años trabajan sobre todo para hacer el bien a Occidente. Pero hoy China no solo es un productor a bajo costo, sino que también produce calidad e innovación. Creo que el cardenal Parolin es una de las personas más expertas en estos temas. Hace años, cuando era presidente del IOR, un ministro de Asuntos Exteriores me pidió que organizara una cena muy confidencial con muy altos representantes de la Santa Sede. En un momento dado, dijo: “¿Pero usted sabe que tiene un ministro diplomático, Pietro Parolin, a quien consideramos el diplomático con mayor capacidad y experiencia en las relaciones con Asia y China?”».

Volvamos a la pregunta que usted mismo hizo: ¿qué debe hacer la autoridad moral? Y, en consecuencia, ¿qué Iglesia debería ser?

En estos tiempos de relativismo, hablar de moralidad suscita reacciones negativas. La pregunta es: ¿qué moral? ¿Cuál verdad? Es por eso que la Iglesia debe proponerse como autoridad moral, pero racionalmente, afrontando las “causas” de los problemas, en lugar de limitarse sólo a proponer actuar sólo sobre los efectos. Y demostrando que tienen una visión superior y soluciones realizables para el bien común».

¿Puedo pedirle un ejemplo concreto?

«Pienso en el ecologismo: la Iglesia debe tomar posición sobre los problemas medioambientales y sobre sus verdaderas causas. ¿Alguna vez ha pensado usted que el problema ambiental nace gracias al colapso de los nacimientos en Occidente y a las soluciones que se intentaron para compensar el impacto de este colapso en el PBI, que han sido el hiper consumismo en Occidente y la relocalización de la producción “low cost” en Asia, para apoyar el poder adquisitivo consumista siempre en Occidente? Otro ejemplo podría referirse a la familia, considerada enemiga del pensamiento-cultura que debe ser homogeneizada, cuando en cambio la familia da educación subjetiva a los hijos, considerada “divisiva”. Otro ejemplo más: no se puede hablar de migrantes sin entender y explicar las verdaderas causas de la migración y las soluciones verdaderamente más adecuadas. Por lo tanto, después de haber establecido que “tipo de Iglesia” que quiere ser —teniendo en cuenta que está en juego la civilización misma—, debe comenzar por estudiar y afrontar las causas de los problemas, no solo sus efectos».

¿Cuáles son, en su opinión, las prioridades?

«Le digo mi opinión personal un tanto provocadora: la prioridad para comprender el rol de la Iglesia en el siglo XXI es volver a estudiar lo que escribió el papa Benedicto XVI, allí está todo lo que se necesita para enfrentar estos tiempos de gran transformación. Le doy un ejemplo…».

Por favor

«En Caritas in veritate“, que es la Encíclica de la globalización, escrita por el papa Benedicto XVI, a la que contribuí en la parte económica, se encuentra esta “Introducción” que es fundamental: “¿Cómo puede el hombre imbuido de una cultura nihilista, sin muchos valores de referencia, saber manejar herramientas tan sofisticadas? Es posible que se les vaya de las manos y tomen autonomía moral”. ¿Puede un instrumento tener autonomía moral? En la conclusión, sin embargo, Benedicto XVI explica que en momentos de crisis tan profunda no son los instrumentos los que deben ser cambiados, sino el corazón humano. Es fundamental. Y deja abierta una pregunta: ¿quién debe cambiar el corazón del hombre?».

¿Quién?

Lo explica en la parte que escribió en Lumen Fidei: «La Iglesia, a través de los sacramentos, el magisterio y la oración. Más que nunca, la Iglesia tendrá un rol muy importante en el modelo de civilización, no sólo en su supervivencia, y este modelo de civilización se basa en “valores no negociables”. Estoy seguro de que los cardenales más eminentes del Cónclave sabrán tenerlo en cuenta. De lo contrario, será el fin de la civilización cristiana y de toda la civilización occidental».

¿Personalmente, extraña al papa Benedicto XVI?

«Le respondo con una premisa: tuve el privilegio de poder ocuparme de muchas cosas, no solo del IOR: también de las finanzas de la Gobernación y de la parte económica de la encíclica. Y siempre adopté el principio del secreto pontificio, que vincula mi respuesta. Mi relación con el Papa y con los líderes de la Iglesia es confidencial. Solo puedo decirle que todo el tiempo que estuve en el Vaticano tuve una relación especial con él. Traté de identificarme mucho con su pensamiento. Pasar media hora con Benedicto XVI equivalía a una conferencia de posgrado de veinte años. El solo hecho de escuchar sus preguntas, para preparar las respuestas, cambió mi pensamiento y mi vida, incluso antes de que se convirtiera en Papa, cuando era el cardenal Ratzinger. Era un hombre extraordinario, con una visión estratégica del mundo y de sus transformaciones».

¿Hoy, como observador externo, qué reformas considera que son necesarias en la gestión de las finanzas vaticanas?

«He leído en los periódicos que en los últimos doce años se han derrumbado los ingresos del 8×1000 y del Óbolo de San Pedro. No sé nada más. Mi expulsión del IOR se produjo porque defendí con el presidente de la AIF, el cardenal Attilio Nicora, la ley contra el blanqueo de capitales y los procedimientos de control que el Papa nos había pedido que adoptáramos. Benedicto XVI me repetía que teníamos que ser ejemplares, y yo intenté serlo en mis tareas».

El colapso del 8×1000 es una señal que no debe ser ignorada. ¿El dinero es útil o no para la iglesia? ¿Debería el Papa tener un Banco?

«Responder que sí sería demasiado fácil. Es una pregunta y una respuesta obvias. Ya en los siglos III y IV los discípulos de Cristo se preguntaron si era lícito aceptar y conservar bienes materiales. Recurrieron al filósofo Clemente de Alejandría, quien dio una respuesta que sigue siendo válida hoy en día: se necesita el dinero, pero es importante entender cómo se ganó y para qué sirve. El dinero en la Iglesia debe ser utilizado ante todo para la evangelización. Por esta razón los fieles lo ofrecen a la Iglesia. Si el Papa puede o no tener un Banco merecería un excursus histórico interesante. En 1601 el papa Clemente VIII se vio obligado a instituir un Banco porque los Bancos “católicos” que servían a la Iglesia habían fracasado. El Banco que instituyó el Papa se llamó Santo Spirito, el cual se convirtió en Banca di Roma con varias fusiones, luego Capitalia y ahora se fusionó con Unicredit».

Se habla del secretario de Estado, Pietro Parolin, definido como un hombre de consenso, difícil de etiquetar entre progresistas y conservadores, como posible sucesor del papa Francisco. ¿Está de acuerdo?

«No doy evaluaciones, y ni siquiera lo hago sobre lotros nombres que están circulando. Ya no los conozco. Ni siquiera los cardenales que se preparan para el Cónclave se conocen entre ellos. ¿Cómo podrán entenderse en unos días? Los cónclaves se llevan a cabo con muchas votaciones. Hay muchas visiones diferentes para conciliar. Me temo que será un cónclave bastante largo. Recuerdo que el cónclave más largo de la historia fue el que llevó a la elección de un Papa de Piacenza, Gregorio X (Tebaldo Visconti) y duró tres años, desde 1268 a 1271. Una vez en Roma me preguntaron cómo valoraba Piacenza la figura de Gregorio X».

Y tú, que nació en Piacenza y aún vive allí, ¿qué respondió?

«Si valorizar no significa solo construir una estatua, yo diría que hemos hecho poco. Gregorio X fue un Papa importante, elegido en un momento muy difícil. Nunca he escuchado una conmemoración histórica para él en Piacenza, donde vivo y mantengo relaciones, pero tal vez estuve distraído…».

Me gustaría añadir una pregunta, si me lo permite. Leí que Usted escribió hace años un libro sobre Meritocracia. ¿Puede explicar por qué?

En los últimos tiempos, en gran parte del mundo católico, se considera que “ya todos nos hemos salvado solo por los méritos de Cristo”. En consecuencia, pensar que uno puede “merecer” la salvación es un síntoma de “orgullo”. ¿Qué pienso? Simplemente pienso que si se descubre que hacer el mal rinde más que hacer el bien, y ya estamos salvados, ¿por qué deberíamos hacer el bien? Creo, en cambio, que Dios es meritocrático también y además misericordioso…

Antes de la entrevista puso como condición que no quería expresarse sobre el camino marcado por el papa Francisco en la Iglesia. ¿Está seguro? 

«No quiero decir nada».

Pregunta seca. ¿Quién será el próximo Papa?

«Sería estúpido si respondiera. Y ni siquiera te diré a quién preferiría».

 

Thomas Trenchi

 

Publicado originalmente en Italiano por Marco Tosatti el 1 de mayo de 2025, en https://www.marcotosatti.com/2025/05/01/conclave-ettore-gotti-tedeschi-mai-come-oggi-serve-unautorita-morale-forte-nella-chiesa/

Traducción al español por: José Arturo Quarracino

 

 

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