Marco Tosatti
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, José Arturo Quarracino, a quien agradecemos de todo corazón, ofrece a su atención este comentario sobre el pontificado de Jorge Mario Bergoglio. Feliz lectura y circulación.
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7 maneras en que el Papa ha cambiado radicalmente el Catolicismo
Es indudable e innegable que el pontificado de Jorge Mario Bergoglio/papa Francisco ha sido impactante, tanto en el interior de la Iglesia Católica como fuera de ella. En líneas generales se puede decir que ha sido un papado totalmente disruptivo como en ningún otro momento de la Iglesia, al impulsar cambios radicales que en muchos casos no significaron una evolución, sino más bien un corte abrupto con la vida, con la doctrina y con la praxis bimilenarias de la institución fundada por Jesucristo y con el papado petrino y su continuidad ininterrumpida como piedra fundamental.
Un elemento a tener en cuenta es el hecho que a causa de esos cambios radicales la gestión bergogliana tuvo desde el inicio de su pontificado un acompañamiento y un apoyo de sectores y ámbitos políticos y mediáticos históricamente antagónicos con la Iglesia: mientras que los papados de los últimos siglos fueron considerados “tradicionalistas” o “conservadores, la gestión del Papa sudamericano ha sido valorada como “revolucionaria”.
Entre esos cambios radicales “revolucionarios” podemos mencionar, en primer lugar, el paulatino predominio que fue adquiriendo la que podríamos denominar la pastoral de la misericordia por sobre la primacía de las verdades doctrinales, proceso que tuvo un primer impulso con el Sínodo sobre la Familia, llevado a cabo en dos etapas (2014 y 2015). En esta asamblea sinodal comenzó a ponerse en discusión la indisolubilidad del vínculo matrimonial y la prohibición del acceso a la Comunión para los divorciados vueltos a casar.
En segundo lugar, está el reconocimiento y la aceptación de la homosexualidad como normal en la vida del ser humano, a partir de su famosa frase respecto a un colaborador suyo designado por él mismo (monseñor Battista Ricca), pronunciada a comienzos de su pontificado: “¿quién soy yo para juzgar?”, sus sucesivas defensas de esa condición -en realidad, conducta desaprobada tanto en las Sagradas Escrituras como en el Magisterio eclesial-, hasta llegar a la famosa Declaración Fiducia supplicans (2023), de autorización de la bendición para las parejas homosexuales, lo cual provocó el rechazo unánime de casi todo el episcopado de un continente (África) en su conjunto. Rechazo que llevó al papa Francisco a tolerar y aceptar esa negativa colectiva “a causa de la idiosincrasia cultural” de la población y del clero africanos.
En tercer lugar, está el hecho de la aceptación y acompañamiento de las agendas globalistas de Naciones Unidas (Agenda 2030), del Foro Económico Mundial (El gran Reinicio), de la Cumbre de París (Cambio Climático), de la Big Pharma, etc., -todas ellas claramente anticristianas y con fundamentos y criterios pura y estrictamente políticos y sociológicos, totalmente ajenos y extraños a los criterios del Magisterio eclesial. Esta complacencia con las mencionadas agendas tuvo en general por parte del Papa una muy escasa o nula fundamentación doctrinal.
En cuarto lugar, el papa Bergoglio ha llevado adelante una clara e inequívoca adhesión a grupos y personalidades políticas claramente alineadas en el progresismo globalista anticristiano y antihumanista, progresismo que rechaza toda la herencia religiosa, cultural y espiritual de las grandes culturas y civilizaciones pre bíblicas, antiguas, medievales y modernas, para producir un nuevo despertar en la nueva era transhumanista, la cual tiene como base la concepción de un ser humano condicionado y dominado por su subordinación y sometimiento a la cibernética, es decir, un ser humano simbiotizado con las tecnologías y dispositivos electrónicos insertados en el organismo humano.
En quinto lugar, en relación con el punto anterior, excepto por breves y esporádicas expresiones en reportajes, entrevistas, conferencias de prensa aéreas, etc., resalta llamativamente en la agenda oficial de este pontificado la ausencia de toda consideración y condena del mayor y más salvaje de todos los crímenes perpetrados universalmente contra la humanidad, es decir, el holocausto demogr160fico y el genocidio del aborto, que elimina anualmente alrededor de 70 millones de niños por nacer, según datos oficiales de Naciones Unidas y de organizaciones tristemente célebres dedicadas a fomentar ese crimen abominable. Peor aún, durante su pontificado Francisco ha nombrado en diversos cargos en los dicasterios vaticanos a personas que adhieren fervorosamente al genocidio prenatal, como es el caso, entre otros, de la economista ítalo-americana Mariana Mazzucato y del jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni, además de mantener un trato amical con agresivos promotores del aborto global como el ex presidente estadounidense Joseph Biden, la legisladora demócrata estadounidense Nancy Pelosi, el matrimonio Clinton, la ex presidente socialista chilena Michelle Bachelet, el dirigente político boliviano Evo Morales, el presidente brasileño Luiz Ignacio da Silva (“Lula”), etc.
En sexto lugar, el cambio más revolucionario, en realidad una mutación, es ciertamente la promoción e implementación institucional de la Iglesia Católica como “Iglesia sinodal”. Esto significa poner en segundo plano y diluir la esencia de la Iglesia como una, santa, católica y apostólica (tal como la define el Credo niceno-constantinopolitano [381 d.C.] y el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 811) para convertirla en una asamblea deliberativa horizontal cuyos miembros caminan juntos, es decir, definen criterios y cursos de acción por consenso, en forma democrática, en todos los niveles. Una asamblea deliberativa en la que las jerarquías pasan a un segundo nivel, en la que todo se decide por el “discernimiento en el Espíritu”.
En séptimo lugar, nos encontramos en este pontificado con la reducción de la Fe y de la Iglesia Católica a profesar una creencia y a practicar una religión que se encuentra al mismo nivel que las demás creencias, ya que “todas las religiones llevan a Dios”. En esta misma línea se encuentra la condena a la evangelización que lleva a la conversión -misión encomendada por Jesucristo a toda la Iglesia- porque la califica de proselitismo para incorporar nuevos miembros a la institución.
Es importante destacar que todos estos cambios no se han basado en una nueva concepción doctrinal de la Fe y de los Dogmas, sino en una praxis institucional diferente, en la que se han dejado de lado las fuentes de la Revelación -Sagrada Escritura, Tradición viviente y Magisterio eclesial- como criterio normativo, para privilegiar y darle primacía a los criterios personales de Francisco y su Magisterio como normativos e indiscutibles. En este sentido, cuando se leen las Exhortaciones Apostólicas y las Encíclicas emitidas por el actual pontífice se puede constatar que más del 50% de las citas que fundamentan las posturas enunciadas corresponden a escritos del Papa mismo, y muy poco o nada a la bimilenaria enseñanza dogmática y doctrinal de la Iglesia Católica, salvo muy esporádicas excepciones.
La limitación al extremo y en muchos casos la prohibición de la celebración de la Misa Tradicional en Latín acompaña y refuerza este giro, para alejar toda referencia y arraigo en la historia viva de la Iglesia Católica, actitud que califica como “indietrista”, como retroceso al pasado.
Esta praxis bergogliana ha llevado a un acontecimiento extraordinario: la ausencia de la presencia de Jesucristo en la Iglesia “sinodal” y de su centralidad en la vida institucional, tal como lo refleja el último Sínodo sobre la Sinodalidad celebrado en 2 etapas (2023 y 2024), en cuyas sesiones se habló y opinó de todo, menos de la Presencia viva del Redentor, tal como se puede constatar en la lectura de los Documentos de Trabajo y en las Conclusiones de ambas sesiones. En esta Iglesia “sinodal”, el centro ya no es Jesús el Mesías resucitado, sino la asamblea unida horizontalmente deliberando en el Espíritu”.
¿La Iglesia de Cristo volverá a ser una, santa, católica y apostólica o seguirá siendo una Iglesia sinodal sin la presencia central y activa del Señor? Sólo Él lo sabe, y los creyentes sabemos muy bien que Su voluntad es lo que en definitiva se impone, más temprano que tarde y en un futuro no muy lejano, más bien cercano. En la vida del mundo y de la Iglesia del Señor, “todo acontece para bien de los que le aman” (Romanos 8, 28).
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1 commento su “Siete maneras en que el Papa cambió radicalmente el catolicismo. José Arturo Quarracino.”
Excelente análisis de una triste realidad. El resumen: “En esta Iglesia “sinodal”, el centro ya no es Jesús el Mesías resucitado, sino la asamblea unida horizontalmente deliberando en el Espíritu”.
I commenti sono chiusi.